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Cómo tener unos dientes más blancos (con 5 sencillos trucos)

Blanquear los dientes puede ser arriesgado, pero hay formas de hacerlo sin dañar el esmalte dental.

Los dientes blancos hacen nuestra sonrisa mucho más bonita, lo que nos puede aportar mayor seguridad y mejorar la autoestima. 
 

Tener unos dientes blancos es sinónimo de una imagen cuidada y favorecedora. Una sonrisa bonita transmite aceptación, seguridad y confianza a los demás, lo que condiciona de manera directa el éxito en las relaciones interpersonales. Es por ello que está cobrando relevancia creciente la preocupación por lucir unos dientes más blancos, así como por mantener una buena higiene dental.

A continuación vamos a desmentir algunos mitos acerca del color blanco de los dientes, pero también os proporcionaremos trucos y métodos para conseguir unos dientes más blancos de manera rápida y sencilla.

¿Por qué los dientes se oscurecen con el tiempo?

Si bien es cierto que el color de dientes se oscurece o adopta un tono más amarillento con el paso del tiempo, éste varía en función de factores tanto ambientales como genéticos.

El tipo de dentición o el color de la dentina de cada persona viene determinado por la herencia genética; lo mismo sucede con el grosor del esmalte.

La influencia de la genética en el color dental

La dentina tiene un tono amarillento y es la que se encarga de aportar el color al diente, siempre mediado por el grosor y la calidad del esmalte, que es transparente. El grosor del esmalte dental permite que la dentina sea más o menos visible, y como consecuencia el diente sea más o menos blanco.

No obstante, los dientes blancos naturales no existen, sino que se asemejan a un tono marfil de intensidad variable. Y es que, pese a que haya una obsesión creciente por lucir unos dientes blancos, en ocasiones este color no es sinónimo de buena salud.

Los estudios acerca de la calidad dental indican que los dientes con un ligero tono amarillento son más saludables y fuertes que los dientes blancos. Esto es debido a que, como ya se ha comentado anteriormente, el tono blanco de los dientes solo se puede conseguir mediante tratamientos químicos que modifiquen el color del esmalte o la dentina.

Factores ambientales que oscurecen los dientes

El tono natural de la dentadura de viene determinado por la genética, y puede ser ligeramente distinto de una pieza dental a otra -del mismo modo que el color de nuestros ojos no es exactamente el mismo o el tono de piel no es uniforme.

No obstante, factores como el consumo excesivo de café u otras bebidas con alto contenido en pigmentos hace que los dientes adquieran un color oscuro nada estético.

Además, fumar perjudica gravemente la salud de las encías y el color del esmalte, ya que éste es poroso y absorbe aquellas sustancias químicas como la nicotina que entran en contacto directo con él.

El hecho de haber consumido de forma asidua antibióticos con contenido en minociclina (por ejemplo los que tratan el acné) también influye en el tono grisáceo de la dentadura.

El consumo excesivo de fluoruro durante el período de dentición, etapa en la que los dientes de leche caen y aparece la dentadura permanente, puede tener efectos perjudiciales para la estética dental. De este modo la aparición de manchas blancas internas en los dientes se debe al exceso de fluoruro en la infancia.

Podemos preguntar a nuestro dentista de confianza cómo tener los dientes más blancos y durante más tiempo. 

Cómo tener unos dientes más blancos: 5 trucos para lograrlo

Como ya hemos visto, el color de los dientes varía en función de múltiples factores, pero gracias a los avances de la industria farmacéutica, los productos de higiene dental y cosméticos pueden cambiar de manera acusada el tono dental de la persona.

A continuación vamos a mostrar los mejores trucos para tener unos dientes más blancos y con un aspecto saludable y agradable. Nos centraremos tanto en métodos naturales como en otros que se basan en el uso de productos químicos.

1. Mantener una buena higiene dental

En ocasiones se pasa por alto el factor principal para que los dientes luzcan blancos y saludables: la higiene dental. Este punto es transversal para todos aquellos remedios caseros o productos químicos que proporcionan color blanco a los dientes. Y es que una buena higiene dental es imprescindible para deshacerse de la acumulación de alimentos o pigmentos que pueden colorear el esmalte.

De este modo, cepillar los dientes después de cada comida, como mínimo tres veces al día, es imprescindible para evitar la proliferación de bacterias y microorganismos que pueden dañar el esmalte dental haciendo que aparezcan caries, pero también oscurecer y amarillear los dientes. El uso de colutorios bucales e hilo dental está muy recomendado para aportar más limpieza a la boca y favorecer unos dientes blancos.

2. El uso de bicarbonato sódico

El bicarbonato de sodio es una sustancia química que proviene del natrón, un mineral de tono blanquecino. Es soluble en el agua y tiene como función la de neutralizar los ácidos que encuentra a su paso. Cuando se produce la disolución del bicarbonato sódico en el agua, éste se transforma en dióxido de carbono.

Este efecto neutralizador de ácidos del bicarbonato sódico hace que, en cierto modo, su consumo acabe con todas las partículas orgánicas que encuentre en la boca, ya sea restos de comida u otros microorganismos, por lo que se deshace de todo aquello que pueda proporcionar un color amarillo a los dientes. Se debe disolver media cucharadita de bicarbonato en agua y cepillar los dientes con la disolución.

Pese a esto, no hay que olvidar que el bicarbonato actúa como ácido, y por lo tanto un uso excesivo de esta solución puede perjudicar la integridad del esmalte y comportar graves problemas en la salud de los dientes. Por ello no está recomendado su uso más de una vez a la semana y no debe emplearse de forma habitual, sino puntual.

3. Productos químicos: las tiras blanqueadoras

Las tiras blanqueadoras son un método muy efectivo para aclarar el color de los dientes. Son fáciles de utilizar y sus resultados son casi inmediatos. No obstante, tienen un “pequeño” problema: contienen grandes cantidades de peróxido de hidrógeno (agua oxigenada), sustancia química encargada de producir una reacción de oxidación en los dientes que consigue la despigmentación, y por ende, unos dientes más blancos.

El peróxido de hidrógeno aumenta en gran medida la sensibilidad dental, lo que resulta muy incómodo durante el periodo de blanqueamiento y puede no desaparecer por completo en largos lapsos de tiempo. Además, el uso de una concentración muy elevada en peróxido puede destruir el esmalte dental y tener graves consecuencias.

En España y Europa sólo está permitido el uso de estas tiras siempre y cuando la concentración del peróxido sea menor al 1%. Marcas como Oral-B han comercializado sus tiras blanqueadoras hace relativamente poco tiempo. Por otro lado, en América está extendido el uso de las tiras blanqueadoras Crest, con contiene una concentración del 10%.

4. Tratamiento blanqueante en el dentista

Los tratamientos de blanqueamiento dental que ofrecen los profesionales de la odontología en sus clínicas tienen como base el uso de peróxido de hidrógeno en concentraciones más elevadas de las permitidas por los tratamientos ambulatorios como las tiras blanqueadoras. Además ofrecen la supervisión del dentista, lo que lo convierte en más seguro, pero a la vez se incrementan los costes.

No obstante, también existen alternativas a los tratamientos blanqueantes con peróxido, como aquellos que utilizan concentraciones de elementos naturales que actúan blanqueando el diente sin dañar su esmalte. Estos métodos se ayudan de lámparas de luz LED que potencian el efecto de estos geles poco abrasivos.

De todos modos, los efectos blanqueantes son más visibles y rápidos con los tratamientos que contienen peróxido de hidrógeno, por lo que son más populares aunque puedan ser más perjudiciales para la salud dental.

5. Dentífricos específicos con efecto blanqueante

En los últimos años se han comercializado dentífricos que prometen resultados inmediatos en lo que concierne a unos dientes más blancos. Estas pastas de dientes no son realmente blanqueadoras, sino que contienen sustancias que “tiñen” los dientes de manera temporal, proporcionando así un efecto óptico blanqueador. Consisten en un gel azulado que neutraliza el color amarillento de los dientes.

Estos dentífricos están teniendo mucho éxito entre aquellos que no quieren poner en riesgo la salud de sus dientes por una simple cuestión de estética. De este modo, y sin ningún tipo de riesgo, se proporciona a los dientes un efecto de “dientes blancos” ideal para lucir sonrisa. Algunas de las marcas más reconocidas son Signal, Oral-B y Colgate.

Podemos conseguir unos dientes blancos tanto con blanqueamientos dentales caseros como con blanqueamientos profesionales. 

Peligros del blanqueamiento dental casero

Si bien es cierto que tanto el blanqueamiento dental casero como el profesional pueden provocar algunos efectos secundarios, algunos de los kits que se comercializan para blanquear los dientes en casa no contienen suficiente producto blanqueador para ser efectivos.

Además, es posible que si el tratamiento no es realizado por un profesional, el protector bucal utilizado no se ajuste adecuadamente, por lo que parte del gel blanqueador puede derramarse en las encías y en la boca, causando síntomas como sensibilidad dental, encías irritadas o ampollas.

1. Sensibilidad dental

Los dientes pueden volverse más sensibles tras realizar un blanqueamiento dental. Esta sensación puede experimentarse en la primera y segunda sesión de tratamiento y suele ir disminuyendo con el tiempo.

Para aliviar esta molestia. la sensibilidad se puede tratar con productos que contienen nitrato de potasio y gel de fluoruro de sodio.

2. Encías irritadas

Además de la sensibilidad, después de realizar un blanqueamiento dental se puede experimentar algo de irritación gingival. Esto sucede por el contacto directo de las encías con el producto.

Comentarios
Neila
Y si pruebas a dejar de maltratar tanto la dentina y lavas los dientes con aceite, bactericida y fungicida, como hacían nuestros ancestros?