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Respuesta sexual humana: las 4 fases (y sus características)

La respuesta sexual humana se compone de las etapas de excitación, meseta, orgasmo y resolución.

 

La sexualidad humana es un concepto multidimensional que se sirve de sensaciones y estímulos de todo tipo: imágenes, palabras, valores personales y elementos culturales que, combinados con nuestra propia biología, pueden crear una verdadera experiencia de placer y satisfacción.

Cuando esta experiencia placentera está relacionada con cualquier tipo de conducta sexual, tanto individual como en compañía de otras personas, se dan todo un conjunto de etapas diferentes que conforman la respuesta sexual humana.

En este artículo revisaremos las características y las diferencias entre las 4 fases de la respuesta sexual humana (en mujeres y en hombres).

La respuesta sexual humana (según Masters y Johnson)

La respuesta sexual humana es un modelo que explica las cuatro fases de la respuesta fisiológica que se dan al iniciarse y mantenerse una estimulación sexual. Ordenadas según el momento de aparición, estas fases son las siguientes: excitación, meseta, orgasmo y resolución.

A lo largo de todo el proceso de respuesta sexual, la persona experimenta dos reacciones fisiológicas básicas: vasoconstricción y miotonía. La vasoconstricción consiste en un aumento del volumen de sangre concentrada en los tejidos corporales de los genitales de ambos sexos, así como en los senos de la mujer.

La segunda fase, la de miotonía, consiste en un aumento gradual de la tensión neuromuscular -es decir, una acumulación de energía en los nervios y en los músculos.

Frecuentemente tendemos a asimilar que la rapidez y la intensidad de las respuestas sexuales están directamente supeditadas a la gratificación externa que la persona recibe, así como a la destreza de la pareja sexual; sin embargo, el grado o intensidad que convierte a una experiencia en mejor que otra depende en primer grado de la propia perspectiva y de la satisfacción individual de la persona.

El modelo de la respuesta sexual humana fue elaborado por William H. Masters y Virginia E. Johnson, investigadores pioneros en el campo de la sexualidad humana, los cuales lo publicaron por primera vez en su libro “Respuesta Sexual Humana” (“Human Sexual Response”) en el año 1966. Aunque desde entonces se han formulado otros modelos de respuesta sexual, el de Masters y Johnson continúa siendo el más relevante.

Las 4 fases de la respuesta sexual (y sus características)

A continuación describiremos las cuatro etapas que conforman la respuesta sexual humana según van apareciendo de manera gradual con la estimulación erótica.

Es necesario especificar que las respuestas sexuales de hombres y mujeres tienen algunas diferencias características, por lo que también analizaremos dichas divergencias entre sexos biológicos.

1. Etapa de excitación

La excitación es la principal consecuencia de la estimulación sexual. Esta estimulación, que puede ser tanto física como psicológica o una combinación de ambas, provoca una serie de cambios fisiológicos como la aceleración del pulso o el aumento de la presión sanguínea.

Es habitual que una distracción de cualquier tipo, tanto física como mental, ocasione una disminución de la tensión sexual acumulada.

La excitación en la mujer

El primer signo de excitación en la mujer es la lubricación vaginal, la cual suele aparecer entre 10 y 30 segundos tras iniciar la estimulación erótica de cualquier tipo. Esta lubricación es debida a la vasoconstricción de las paredes vaginales, los cual provoca la trasudación del fluido a través del revestimiento de la vagina.

La lubricación vaginal facilita la penetración y la suavidad del movimiento, a la vez que impide que la mujer se sienta incómoda o experimente molestias durante el coito.

Por otro lado, en la fase de excitación sexual femenina aparecen otros cambios de tipo fisiológico entre los que destacan los siguientes:

  • Los dos tercios interiores de la vagina se expanden

  • Los labios exteriores de la vagina se aplanan y se abren

  • Los labios interiores se agrandan

  • El clítoris aumenta de tamaño

  • Los pechos se agrandan levemente

La excitación en el hombre

En cuanto al hombre, el signo más característico de excitación es la erección del pene, la cual suele darse a los pocos segundos de iniciar la estimulación.

En este caso la sangre afluye rápidamente, llenando los tejidos esponjosos del pene y posibilitando el endurecimiento y el agrandamiento del miembro.

Además de la erección, en la etapa de excitación se produce un alisamiento de los pliegues del escroto y los testículos aumentan de tamaño y se aproximan más al cuerpo.

2. Meseta

Durante la fase de excitación se produce un marcado aumento de la excitación sexual. A lo largo de la etapa de meseta la excitación se mantiene y se intensifica, lo cual prepara a la persona para entrar en la siguiente fase: el orgasmo.

La duración de la fase de meseta puede variar entre las personas, siendo por lo general bastante más corta en hombres que en mujeres.

La meseta en la mujer

En la mujer, la intensa vasoconstricción del tercio interior de la vagina provoca la hinchazón de los tejidos; esta reacción es conocida como plataforma orgásmica y causa un estrechamiento de las paredes vaginales.

Esta plataforma orgásmica es el motivo por el cual, en realidad, el tamaño del pene no es un factor tan importante como se cree para la estimulación física. El motivo es que la plataforma orgásmica comprime el pene, “acogiéndolo” por completo entre las paredes y con indiferencia del tamaño de este.

Si la fase de meseta se alarga, la mujer puede experimentar un descenso en la lubricación. Este descenso puede compensado mediante cualquier tipo de técnica sexual como el sexo oral.

Además, en la fase de meseta el clítoris se retrae contra el hueso púbico pero esto no supone una pérdida de sensibilidad, sino que la estimulación del monte de Venus o de los labios se traducirá en sensaciones clitorideas.

Finalmente, aparece un cambio cutáneo conocido como rubor sexual. Esto consiste en la aparición de unas pequeñas manchas rojizas que se extienden por senos y la parte delantera del pecho.

La meseta en el hombre

Durante la fase de respuesta sexual de meseta, el hombre experimenta un aumento en el diámetro de la cabeza del pene y contínua el agrandamiento de los testículos.

Conforme se va aumentando y acumulando tensión sexual, los testículos se elevan y rotan hacia delante de manera que la superficie posterior permanece en firme contacto con el perineo. La elevación total de los testículos es un indicador inminente del orgasmo.

Además, durante la fase de meseta, se expulsa una pequeña cantidad de líquido transparente que procede de la uretra. Este fluido es segregado por las glándulas de Cowper y puede portar esperma vivo; de ahí la importancia de utilizar protección durante la relación sexual completa si se quiere evitar un embarazo no deseado.

Otros signos de que avanza la fase meseta incluyen una aceleración tal del ritmo cardíaco que el hombre puede percibir claramente las palpitaciones de su pecho.

3. Orgasmo

Si la estimulación sexual continúa de manera efectiva, la fase de meseta desemboca en la de orgasmo. En este punto el cuerpo libera toda la tensión acumulada a lo largo de las etapas anteriores en lo que se constituye como un apogeo de la excitación sexual. A esta liberación de la tensión se la conoce como orgasmo o clímax.

La etapa del orgasmo es la más corta del ciclo de respuesta sexual, durando normalmente unos pocos segundos. Durante este tiempo las contracciones musculares rítmicas producen una intensa sensación física seguida de una rápida relajación.

El orgasmo resulta un concepto complicado de explicar desde el punto de vista psicológico; no obstante, podemos definirlo como un instante de goce intenso y suspensión de la actividad mental que potencia el disfrute de la experiencia.

Los orgasmos varían entre hombres y mujeres pero también en una misma persona en distintos momentos y circunstancias. Las diferencias en cuanto a la intensidad de los orgasmos dependen de diversos factores físicos (por ejemplo el grado de fatiga o el tiempo desde el último orgasmo) y de una gran cantidad de factores psicosociales (sentimientos, expectativas, afinidad con la pareja, etc).

El orgasmo femenino

La fase orgásmica de la mujer se caracteriza por la presencia de contracciones rítmicas del útero, del tercio exterior de la vagina y del esfínter anal. El orgasmo es una respuesta global de todo el organismo, por lo que se contrae la musculatura de numerosas regiones corporales.

A pesar de la extensa creencia que existe al respecto, la gran mayoría de mujeres no eyaculan durante el orgasmo. Esta idea proviene de literatura y de material audiovisual que presentan el orgasmo acompañado siempre de un fluido que sale de la vagina en el momento del clímax.

Lo que ocurre en realidad es que algunas mujeres expulsan una sustancia similar al semen al alcanzar el orgasmo. Según los estudios, este fluido es una sustancia segregada por las glándulas de Skene, unas estructuras rudimentarias consideradas homólogas de la próstata masculina.

El orgasmo en el hombre

A diferencia de la mujer, el orgasmo en el hombre sucede en dos fases diferentes. En la primera etapa los conductos portadores de esperma (es decir, los vasos deferentes), la próstata y las vesículas seminales comienzan a experimentar contracciones que transportan el semen hasta el bulbo de la uretra.

En este momento el hombre experimenta la inevitabilidad eyaculatoria o sensación de haber llegado al límite del control; llegados a este punto es imposible detener la eyaculación.

Durante el segundo estadio dentro de la fase de orgasmo, las contracciones de la uretra y del pene se ajustan a las de la próstata, causando la eyaculación o expulsión del semen al exterior.

Es necesario especificar que, en el hombre, orgasmo y eyaculación no siempre van de la mano. Si bien en la mayoría de ocasiones ambos se producen de manera simultánea, bajo ciertas circunstancias pueden producirse los llamados “orgasmos secos”, en los cuales el hombre llega al clímax sin expulsar semen. De la misma manera, en ocasiones se puede dar una eyaculación sin que se produzca ningún orgasmo.

4. Resolución

La última etapa del ciclo de respuesta sexual es la de resolución. Esta aparece inmediatamente después del orgasmo y es significativamente diferente en hombres y en mujeres.

La fase de resolución es aquella en la que el organismo retorna al estado normal de no estimulación, de manera que representa la vuelta al estado de no excitación sexual.

La fase de resolución en la mujer

Por lo general las mujeres poseen una aptitud multiorgásmica que las capacita para para alcanzar orgasmos sucesivos en un breve espacio de tiempo. Sin embargo, esta posibilidad depende tanto de una estimulación efectiva y continuada como del interés sexual de la mujer.

No obstante la estimulación del clítoris, los pezones o la vagina tras el orgasmo puede resultar irritante.

Durante la fase de resolución se produce la desaparición de la plataforma orgásmica, el útero retorna a su estado de reposo y el clítoris vuelve a su tamaño y posición habituales.

Fase de resolución en hombres

Los hombres no suelen tener esta capacidad multiorgásmica. Habitualmente, tras la respuesta sexual de orgasmo se inicia un periodo refractario en el que el estado fisiológico vuelve a la normalidad, por lo que es muy complicado tener otro orgasmo o eyacular de nuevo.

Durante este periodo refractario puede mantenerse una erección completa o parcial que, por lo general, desaparece al cabo de poco tiempo.

En la mayoría de los hombres este periodo se alarga con cada nueva eyaculación. Además, con el paso de los años, el periodo refractario se va volviendo cada vez más prolongado.

Al igual que ocurre con la fase de orgasmo, la última fase del ciclo sexual de los hombres se da en dos etapas diferentes. En la primera subetapa se produce una pérdida parcial de la erección debido a que las contracciones orgásmicas retiran la sangre del pene, mientras que en la segunda el flujo sanguíneo de los genitales retorna a sus niveles basales.

Tanto en hombres como mujeres, si ha habido excitación pero no orgasmo pueden darse presión y dolor en la pelvis como consecuencia de la duración de la vasoconstricción. Esto produce un dolor testicular en hombres y una congestión pélvica dolorosa en mujeres que pueden aliviarse con el orgasmo o tras un largo período de tiempo.

Referencias bibliográficas:

  • Masters, W. H. & Johnson, V. E. (1976) Respuesta sexual humana. Buenos Aires: Editorial Intermédica.

  • Masters, W. H., Johnson, V. E. & Kolodny, R. C. (1987) La sexualidad Humana. Barcelona: Grijalbo.

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