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Estrés: ¿qué es, cuáles son sus síntomas y qué lo causa?

El Síndrome General de Adaptación de Selye consta de tres fases: alarma, resistencia y agotamiento.

El estrés es una de las respuestas que el organismo emite para adaptarse a los cambios constantes que el ambiente presenta. Vivimos en un contexto de fluctuación y movimiento casi permanente en el que la evolución se produce a pasos agigantados.

Esta evolución se traduce en cambios y estos cambios en adaptación, pero cuando las situaciones estresantes superan la capacidad que tienen los individuos para gestionarlas pueden aparecer problemas relevantes. A continuación vamos a explicaros qué es el estrés, cuáles son sus componentes y qué síntomas causa a nivel psicológico y orgánico. Además hablaremos de las fases de la respuesta de estrés y de los dos tipos que existen: el eustrés y el distrés.

¿Qué es el estrés?

Si bien existen gran variedad de teorías que explican qué es el estrés e hipotetizan acerca de sus causas y sus funciones, una de las más reconocidas y utilizadas entre los profesionales de la salud mental es la teoría que publicó Hans Selye en el año 1936.

Para Selye, el estrés es una respuesta natural y adaptativa que elabora el organismo cuando se le presentan demandas ambientales que ha de superar. El estrés en su justa medida resulta beneficioso para la activación fisiológica, pero cuando se activa de manera muy frecuente, prolongada e intensa se convierte en negativo.

Una situación se convierte en estresante cuando no se puede predecir su aparición y es incontrolable. En este proceso media la cantidad de apoyo social que se tiene y el momento de vida en el que se encuentra el individuo. Así, a menos apoyo social, más difícil será gestionar la situación.

Cuando una persona interpreta como estresante una situación (es decir, identifica un estresor) se activa una respuesta inespecífica consistente en el aumento de actividad del sistema nervioso autónomo y del sistema hipotálamo-hipófisis-suprarrenal. Si esta activación persiste de manera prolongada en el tiempo se produce lo que Selye denominó “Síndrome General de Adaptación” (SGA).

La activación fisiológica tiene como objetivo devolver la homeostasis o equilibrio que el organismo ha perdido a causa del estímulo estresante. De este modo las reacciones que emite el organismo sirven para afrontar y minimizar los efectos negativos que este estímulo estresante puede tener sobre el individuo.

Tipos de estrés: el eustrés y el distrés

Como se ha comentado anteriormente, permanecer y funcionar con un grado medio de estrés potencia la productividad del individuo. Así, niveles moderados de estrés repercuten de forma positiva en el rendimiento de las personas por lo que se puede decir que resulta beneficioso.

Múltiples factores pueden llevar a que el estrés se mantenga, como por ejemplo la vivencia de eventos traumáticos que deriven en estrés postraumático o ritmos de trabajo muy elevados que den pie a sufrir estrés laboral.

El problema surge cuando estos niveles de estrés son muy elevados y permanentes. En estos casos el rendimiento cae en picado y el organismo no puede gestionar de manera adecuada las situaciones. En función del grado de estrés que el organismo tolera, se han diferenciado dos tipos básicos de estrés.

El eustrés o estrés “bueno”

El término “eustrés” se utiliza para hacer referencia al estrés que posibilita que la persona se mantenga con un grado de tensión y activación óptimos para que el organismo esté alerta y pueda reaccionar a las demandas del ambiente. Influye de manera positiva en el rendimiento y es necesario en el día a día.

El distrés o estrés “malo”

Por otro lado encontramos el distrés, que consiste en el mantenimiento de unos niveles de estrés muy elevados durante períodos prolongados. En este caso el organismo adopta una actitud de gestión constante ante los estresores, lo que se traduce en un incremento de cortisol y por consiguiente una aceleración del envejecimiento y de la muerte neuronal, entre otros aspectos dañinos.

El Síndrome General de Adaptación de Selye

El Síndrome General de Adaptación (SGA) es sinónimo de estrés prolongado y se asemeja a lo que ocurre cuando la persona se enfrenta a una situación estresante a la cual intenta adaptarse ya sea peleando o huyendo: la reacción de lucha o huida, un mecanismo fisiológico muy antiguo que favoreció la supervivencia de nuestra especie.

Para que esta adaptación se produzca el organismo pasa por diferentes fases que llevan consigo distintas implicaciones psicológicas y orgánicas.

1. Reacción de alarma: el primer impacto

En este momento el organismo acaba de percibir y detectar el estresor y reacciona en dos fases. En un primero momento, de manera inmediata a la detección del estímulo estresante, se produce la fase de choque o shock. En esta fase la persona queda inmóvil, paralizada y es incapaz de reaccionar.

Pocos segundos o minutos después se produce el contrachoque: de repente todo el organismo se activa de forma súbita. Se produce una activación de la amígdala que a su vez estimula el sistema cortical gracias a la secreción de noradrenalina, un neurotransmisor implicado en la actividad fisiológica en general.

Gracias a esta activación tanto de la corteza suprarrenal como del neocórtex, el nivel de conciencia se incrementa y la lectura del contexto es mucho más detallada. Así, el individuo se prepara para luchar o huir.

2. Etapa de resistencia

En la fase de resistencia las reacciones fisiológicas de la etapa de contrachoque se mantienen; así el organismo, está totalmente alerta para hacer frente al estresor y asegurar su supervivencia. Esta fase se puede mantener durante largos periodos de tiempo o hasta que el estresor desaparezca.

En caso de que el estresor no desaparezca la activación fisiológica puede mantenerse y generar el denominado estrés crónico, que produce consecuencias muy negativas en el metabolismo del organismo.

3. Fase de agotamiento

Si el estímulo estresante permanece o reaparece de manera muy frecuente, el organismo, que ya no aguanta más en estado de alerta y activación, pasa a colapsarse y a no poder generar ni producir respuestas adaptativas. Esto puede llevar a la muerte en el caso de algunas especies de animal, o repercutir muy negativamente en el caso de personas.

Cuando se llega a esta etapa los síntomas de alarma se reducen ya que la persona no puede hacer frente a la situación ni a nivel físico ni a psicológico, por lo que se produce una especie de rendición ante el estímulo estresante. Lo ideal es que el organismo pueda resistir y adaptarse a la situación en la fase de resistencia.

Síntomas y repercusiones del estrés en el organismo

A nivel sintomático las señales más comunes que se producen entre las personas ante una situación de estrés aguda son las siguientes: en un primer momento se da un aumento de la frecuencia cardíaca y de la presión arterial, así como dilatación de las pupilas, aumento del sudor en las extremidades y la frente y signos faciales de estado de shock.

A medida que se va produciendo el salto de etapas comentado anteriormente los síntomas van evolucionando, así en la fase de resistencia ante el estresor, son comunes la desaparición de síntomas ya que el organismo se encuentra plenamente preparado y focalizado en solventar el problema.

Si el estresor permanece y se llega a la fase de agotamiento, lo síntomas son más marcados y más perjudiciales para la salud. De este modo es habitual sentir ansiedad o depresión y abatimiento, así como síntomas asociados a la segregación de cortisol por parte del organismo.

Estos síntomas se relacionan con problemas digestivos, enfermedades cardíacas o dificultades en la conciliación y en el mantenimiento del sueño, así como con aumento de peso y disminución en el deseo y la calidad de la vida sexual.

Estructuras cerebrales implicadas en la reacción de estrés

Durante la respuesta estresante, en el organismo se encuentran activadas múltiples estructuras cerebrales de manera paralela. Estas áreas se pueden agrupar en el eje neural, el eje neuroendocrino y el eje endocrino. Cada uno de ellos activados de manera secuencial.

De este modo, en un primer momento el eje neural produce una descarga del sistema nervioso simpático acompañada de noradrenalina, así como un incremento del tono muscular, picos de cortisol y una paralización del cuerpo. Si el estímulo estresante desaparece, el organismo retoma su homeostasis natural sin ningún tipo de consecuencias.

Cuando el estresor permanece en el contexto se activa el eje neuroendocrino, estructura que participa en la respuesta ante el evento estresante. El organismo se encarga de liberar adrenalina y noradrenalina gracias a la estimulación del sistema límbico. La respuesta que genera es más prolongada en el tiempo que la del eje neural.

Como último eje de activación en la secuencia queda el eje endocrino, que tiene una naturaleza puramente hormonal y sólo se activará cuando el estresor permanenza de forma continua en el tiempo. En este momento se activa el sistema hipotálamo-hipófisis-suprarrenal; con la activación de este eje se estimulan los núcleos paraventriculares encargados de segregar hormona liberadora de corticotropina (CRH).

La hormona liberadora de corticotropina actúa como activadora de la adenohipófisis, estructura encargada de sintetizar adrenocorticotropa (ACTH) que a su vez aumentará los niveles de cortisol en sangre.

Referencias bibliográficas:

  • Selye, H. (1936). A syndrome produced by diverse nocuous agents. Nature, 138 (3479):32.

Comentarios
gaspar riera
estoy viviendo durante barios años una situacion muy extresante ultimamente tengo problemas fisicos embotamiento de las piernas despistes etc con los examenses medicos no me encuentran daños fisicos por lo que usted narra en su articulo deduco que mi resistenca al estres se rindio ymi organismo esta claudicando le escrivo desde venezuela