Glía (células giales): tipos de neuroglia y funciones en el tejido nervioso

Las células gliales o glia son una parte fundamental del tejido nervioso que posibilita la estimulación del resto de células nerviosas.
Una de las funciones de las celulas gliales o glía es posibilitar la estimulación del resto de células nerviosas. 

 

La glía (“células gliales” o “neuroglia”) es una parte muy importante del tejido nervioso. Se divide en distintos tipos según su localización y sus funciones: astrocitos, oligodendrocitos, microglía y ependimocitos en el Sistema Nervioso Central; y células de Schwann, células satélite y células de Müller en el Sistema Nervioso Periférico.

En el siguiente artículo explicamos qué son las células gliales (o glía) y cuáles son sus funciones en el tejido nervioso. Así mismo, describimos los distintos tipos de neuroglia y algunas patologías asociadas, como el glioblastoma.

Glía o células gliales: definición y funciones

La palabra “glía” viene del griego “γλία” y quiere decir “liga” o “unión”. Así, este término se ha utilizado para nombrar a las células que sirven para unir o “pegar” las neuronas al tejido nervioso. Por lo mismo son también conocidas como “neuroglias”, “células gliales” o “células no nerviosas del tejido nervioso”.

Es así ya que su función no es tanto la de generar o recibir impulsos nerviosos (de esto se encargan las mismas neuronas). Más bien, las glías funcionan como un soporte o base necesaria para que las células nerviosas se estimulen entre sí.

Por otro lado, las glías también ayudan al metabolismo neuronal; especialmente gracias a la cantidad de glucógeno, lípidos e hidratos de carbono que contienen. Estos, entre otros nutrientes, facilitan a las neuronas iniciar la sinapsis.

A su vez, el tejido nervioso se define como el conjunto de neuronas junto con sus conexiones, sus terminales, sus receptores y las células gliales. Actualmente se sabe que el número de estas células es 10 veces mayor que el número de neuronas, constituyendo así casi la mitad de la totalidad del tejido nervioso (Bustamante, 2007).

Funciones del tejido nervioso

La principal función del tejido nervioso es activar la comunicación entre las neuronas y, con ésto, la compleja actividad de todo el sistema nervioso.

Dicha actividad ocurre a través de las dos principales partes en las que se divide anatómicamente el sistema nervioso: sistema nervioso central (encargado de recibir y organizar los impulsos nerviosos) y sistema nervioso periférico (donde se encuentran los nervios motores).

En cada una de estas partes podemos encontrar distintos tipos de células gliales, que veremos en los apartados siguientes.

Tipos de célula glial en el Sistema Nervioso Central (SNC)

La célula glial del sistema nervioso central es también llamada “glía central”, ya que atraviesa el encéfalo y la médula espinal (las dos partes del sistema nervioso central). Existen dos principales tipos de glias en el SNC: los astrocitos y los oligodendrocitos. No obstante, también podemos encontrar otros dos tipos: microglias y ependimocitos.

1. Astrocitos

Los astrocitos también se conocen como células astrogliales y están relacionadas no sólo con las neuronas sino con otras partes del organismo. Su principal función es servir como una especie de envoltura de las sinapsis ubicadas en la frontera entre el organismo y el SNC.

Aparte de esto, los astrocitos participan en la actividad de la barrera hematoencefálica (la que separa el líquido extracelular de la sangre, permitiendo el paso de nutrientes al encéfalo).

Por lo mismo, las células astrogliales son fundamentales para transportar y metabolizar tanto los neurotransmisores como distintos nutrientes, hormonas, vitaminas y oxígeno hacia el tejido nervioso.

No solo eso sino que, a su vez, los astrocitos se dividen en dos: astrocitos fibrilares, que se encuentran en la mielina de la sustancia blanca del cerebro, y los astrocitos protoplasmáticos, que se encuentran la sustancia gris, rodeando los cuerpos de las neuronas y sus dendritas. Este tipo es fundamental para reparar lesiones del encéfalo.

2. Oligodendrocitos

Los oligodendrocitos se encuentran principalmente en la sustancia blanca del cerebro, formando la mielina de los axones (fibras nerviosas) gruesos. A diferencia de los astrocitos, los oligodendrocitos tienen núcleos más pequeños y redondos.

También se diferencian en que, más que servir como medio de transporte de nutrientes, los oligodendrocitos funcionan como intermediarios para permitir el metabolismo de las neuronas.

Así, las dos principales funciones de los oligodendrocitos son, por un lado, facilitar la evacuación de los desechos neuronales, y por otro, conformar la sustancia que protege a los axones gruesos (la vaina de mielina).

3. Microglía

La microglia es también conocida como células microgliales y se diferencia de las otras dos sobre todo por su estructura y sus propiedades. Además, son diferentes en su origen: la microglia parece surgir a partir de unas células del sistema fagocítico mononuclear llamadas “macrofago”, cumpliendo finciones de este sistema dentro del sistema nervioso central.

Y ¿cuáles son estas funciones? El sistema fafoctitico mononuclear permite la fagocitosis celular. “Fagocitar” significa “atraer una en una célula partículas para destruirlas o digerirlas” (WordReference, 2018), y en este sentido, permiten tanto eliminar tejidos muertos como defender a la célula de microorganismos invasores.

De hecho, las células microgliales se consideran un tipo de células “pleomórficas” ya que pueden transformarse en macrofagos y así, favorecer la fagocitosis.

La microglía es un tipo de célula glial. 

4. Ependimocitos

Los ependimocitos son también conocidos como “células ependimarias”. A diferencia de las anteriores, estas células tienen una forma similar a la de un cilindro. Se encuentran en la médula espinal.

Otra diferencia es que en el caso de los ependimocitos, las funciones que ejercen en el sistema nervioso central no son del todo claras. Se sabe que se encargan de facilitar el paso del líquido cefalorraquídeo y, con esto, el transporte de algunos nutrientes.

Tipos de célula glial en el Sistema Nervioso Periférico (SNP)

La glía o célula glial del sistema nervioso periférico también se conoce como “Glía Periférica” y se ubica exactamente en las terminaciones nerviosas y los nervios del sistema nervioso.

Estos últimos son los principales componentes del sistema nervioso periférico, cuyo nombre indica que se localiza “en la periferia” o en el contorno del sistema nervioso central.

En este sistema se localizan tres principales células que, si bien no son propiamente gliales, sí tienen una función similar o análoga: las células satélite, las células de Schwann y las células de Müller.

1. Células satélite

Las células satélite se encuentran específicamente en las fibras esqueléticas maduras en la periferia del sistema nervioso. Se descubrieron en 1961 y han sido fundamentales para comprender la respuesta adaptativa del organismo hacia el ejercicio físico (Grau, Guerra y López, 2007).

Permiten la regeneración de la musculatura, así como la proliferación o la interrupción de la actividad de las fibras musculares. Se dividen a su vez en “células satélite inactivas” y “células satélite activas”.

Son estas últimas las que participan de manera más determinante en el proceso de regeneración muscular, ya que favorecen la creación de nuevas fibras o núcleos musculares.

2. Células de Schwann

Las células de Schwann tienen una función similar a los oligodendrocitos, ya que forman la vaina de mielina que recubre los axones gruesos de conducción rápida (esta vez del Sistema Nervioso Periférico).

A intervalos, la vaina de mielina se interrumpe por unos nodos llamados “nodos de Ranvier”, que son pequeños surcos conectados con las prolongaciones de los astrocitos y es el lugar por donde pasan los impulsos nerviosos (como si hicieran pequeños saltos de surco a surco).

Así, las células de Schwann tienen la función tanto de proteger los axones como de permitir el paso de las señales eléctricas en el SNP.

Imagen de células gliales del sistema nervioso periférico. 

3. Células de Müller

Las células de Müller permiten la nutrición y el soporte físico de las neuronas. Además, estas células gliales tienen la función de proporcionar agua y homeostasis iónica (específicamente en la retina), facilitar el transporte del glutamato y proteger las neuronas del estrés oxidativo, por medio de la segregación de sustancias neuroprotectoras (Hauck y Ueffing, 2009).

También actúan como una especie de fibra optica que permite el transporte de luz hasta la retina y los fotorreceptores. Al ser fuente importante de proteínas neuroprotectoras, que actúan especialmente en la retina, estas células están relacionadas con el buen funcionamiento del sistema ocular.

En el mismo sentido, las disfunciones de células de Müller se han asociado con distintas formas de ceguera, ya que su actividad está relacionada con la vida o muerte de células ganglionares retinianas.

Glioblastoma (multiforme) y otras patologías relacionadas

El glioblastoma (o glioblastoma multiforme -GBM-) es un tipo de tumor maligno que se origina en las glías, y por lo tanto, afecta al sistema nervioso; específicamente a la parte central de este. Debido a esto se conoce como un tipo de tumor “neuroepitelial” (de la piel de dicho en el tejido) o una “neoplasia” de la glía.

Afecta con mayor frecuencia a adultos mayores (de 50 a 70 años), siendo más común en hombres que en mujeres. A nivel morfológico, que se caracteriza por la presencia de una masa de gran tamaño casi siempre localizada en la sustancia blanca.

Se trata del tumor más común en su tipo y es de rápido crecimiento, que afecta también a algunas células astrocitarias.

Otro de los tumores neuroepiteliales más comunes es el astrocitoma anaplásico, que se origina a partir de los astrocitos. Su incidencia es mucho menor que la del glioblastoma, aunque en ocasiones, el astrocitoma anaplásico puede originar un glioblastoma. Este tipo de tumor se localiza casi siempre en los lóbulos frontal y atemporal.

Existe una cirugía (que puede ser total o subtotal) para extirpar el tumor, así como tratamientos complementarios con quimioterapia, radioterapia y fármacos (temozolamida y/o bevacizumab) (Vega Molina, 2016).

Referencias bibliográficas:

Comentarios