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Tratamiento para la depresión: terapia de activación conductual

Esta terapia psicológica de nueva generación se centra en la relación entre depresión e inactividad.

La depresión mayor puede requerir el uso de medicación si la severidad de los síntomas es muy elevada, ya que la ausencia de tratamiento farmacológico podría conducir a problemas adicionales como el consumo excesivo de sustancias o la ideación suicida. Sin embargo, los cambios en los hábitos de comportamiento son esenciales y suficientes en casos más leves.

En este artículo explicaremos uno de los programas de intervención psicológica que se engloban en el paradigma de la terapia de activación conductual para el tratamiento de la depresión. Sin embargo, dado que se trata de un esquema de actuación muy general, se puede aplicar también a otros tipos de trastornos conductuales y emocionales, en particular los de ansiedad.

La terapia de activación conductual

Durante varias décadas la terapia cognitiva de Aaron T. Beck ha sido el tratamiento de elección para la depresión mayor y otros trastornos del estado de ánimo. El modelo de Beck concibe estas alteraciones psicológicas como resultado de cogniciones desadaptativas que interfieren con el comportamiento y con la vida emocional.

En los últimos años se ha empezado a popularizar la terapia de activación conductual, una especie de variante “destilada” de los tratamientos característicos de la orientación teórica imperante en el ámbito de la psicología: la terapia cognitivo-conductual, focalizada en la solución de problemas específicos a partir de cambios en los pensamientos y en el comportamiento.

En efecto, el nivel de actividad constituye el factor clave de la depresión, según plantea el marco teórico de esta intervención. Se llegó a esta conclusión a través de múltiples estudios sobre la eficacia de los tratamientos psicológicos para la depresión y otros trastornos del estado de ánimo, que mostraron que el componente conductual de las terapias cognitivo-conductuales podía ser suficiente para mejorar los síntomas.

No obstante, y si bien la investigación científica sugiere que la terapia de activación conductual puede sustituir a los psicofármacos en muchos casos de depresión, hay que tener en cuenta que en este trastorno están implicados los neurotransmisores cerebrales. La relación entre las alteraciones en estos y los síntomas emocionales es compleja, pero basta decir que en ocasiones la medicación es ineludible.

Tratamiento para la depresión: “ACTION”

En este apartado describiremos los aspectos nucleares de la terapia de activación conductual, un tratamiento novedoso y eficaz para el manejo de la depresión y que se enmarca en el conjunto de intervenciones a las que nos referimos como “terapias de tercera generación”.

Al aplicar la terapia de activación conductual para la depresión y otros trastornos psicológicos es habitual que el terapeuta indique al cliente una serie de pasos que le ayudarán a modificar su comportamiento por su propia cuenta, aliviando así los síntomas anímicos, motivacionales, comportamentales, etc. que caracterizan a la depresión.

De esto se deriva una especie de ejercicio estructurado que en inglés se representa mediante el acrónimo “ACTION”, es decir “ACCIÓN”, y que indica cuál es el procedimiento a seguir para sustituir las conductas poco adaptativas por otras que nos hagan sentir mejor y más activos.

1. Evalúa (“Assess”)

El primer paso de la activación conductual consiste en analizar las funciones de las conductas problemáticas; esto significa identificar las consecuencias que tienen en nuestro estado de ánimo, en nuestra motivación, en nuestro rendimiento laboral o académico, en nuestras relaciones interpersonales, etc.

Por ejemplo, comportamientos como beber alcohol o ingerir grandes cantidades de comida en respuesta a estados emocionales desagradables, particularmente la tristeza y la ansiedad, tendrían el objetivo de reducir tales sensaciones.

Sin embargo, esto no tiene por qué ser el resultado final, puesto que muchas veces estas conductas patológicas no logran su meta sino que resultan contraproducentes.

2. Escoge (“Choose”)

Si queremos sustituir un comportamiento o una serie de hábitos conductuales problemáticos por otros más adaptativos debemos procurar escoger actividades alternativas que sean incompatibles con las que pretendemos eliminar.

En el caso de la depresión un ejemplo clásico de comportamiento contraproducente es la falta de actividad, objetivo fundamental de la terapia de activación conductual. Si escogemos combatir este hábito, será adecuado seleccionar actividades incompatibles con quedarse en casa, aislarse socialmente, etc., como quedar con amigos o salir a pasear.

3. Prueba (“Try out”)

Este tercer paso consiste simplemente en ejecutar la conducta que previamente hemos escogido para contrarrestar los síntomas a corregir. Nuevamente, en el marco de la activación conductual los comportamientos problema suelen asociarse a la inacción.

En los casos de depresión, y también en otros estados de “bajón” emocional de menor severidad, es muy típico que las actividades que podríamos llevar a cabo resulten menos atractivas que para otras personas, o para nosotras mismas antes de experimentar los síntomas.

Por esto es muy útil puntuar del 0 al 100 las expectativas de placer antes de realizar una actividad determinada y volver a hacer lo propio después de llevarla a cabo; de este modo podremos detectar la distancia entre nuestros pensamientos negativos y la realidad. Si bien este método no se incluye siempre en los protocolos de activación conductual, proviene también de la terapia cognitiva de Beck.

4. Integra (“Integrate”)

Después de comprobar que las actividades que nos hemos propuesto intentar no son tan difíciles ni tan poco satisfactorias como habíamos esperado, deberemos integrar estas conductas placenteras o autorrealizantes en nuestras rutinas.

Tenemos que tener en mente que nuestro objetivo final es cambiar una rutina depresógena por otra que nos haga sentir bien.

5. Observa (“Observe”)

Una vez has probado las actividades nuevas y las has integrado en tu rutina, es muy importante que evalúes también las consecuencias que tienen estos nuevos hábitos en los síntomas depresivos o de otro tipo.

Si te das cuenta de que una actividad te está afectando de forma negativa y no es necesario que la lleves a cabo, conviene que te plantees dejarla.

6. Nunca te rindas (“Never give up”)

Es cierto que al principio te puede ser difícil aplicar la activación conductual, pero no te rindas. Las dos claves principales son la consistencia del comportamiento y la persistencia en nuestros esfuerzos. Si cometes errores, no te preocupes: son parte del proceso y siempre puedes retomar los pasos adecuadamente tras equivocarte.

La “N” del acrónimo también se emplea en ocasiones para hacer referencia a la frase “Now evaluate”, que se traduce como “Ahora evalúa”; en este caso el mensaje se corresponde con la evaluación de todo el proceso de activación conductual y de sus consecuencias hasta el momento. Esto nos permitirá corregir aquello que no esté funcionando y potenciar la eficacia del tratamiento.

Referencias bibliográficas:

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