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Aceite de palma: riesgos para la salud y el medio ambiente

El aceite de palma no sólo es poco saludable sino que también destruye el medio donde se cultiva.

En la última década el aceite de palma se ha convertido en el más consumido del mundo. Este aceite vegetal es barato y versátil, por lo que supone ventajas obvias tanto para empresas como para consumidores.

Sin embargo, el aceite de palma conlleva riesgos para nuestra salud y para el medio ambiente que lo están convirtiendo en un producto demonizado al mismo ritmo que aumenta su popularidad. Veamos por qué.

¿Qué es el aceite de palma?

El aceite de palma se obtiene de la planta Elaeis guineensis, más conocida como palma africana. El aceite se extrae de la pulpa del fruto de la palma africana, si bien también se puede producir aceite de nuez de palma utilizando la semilla.

Aunque se utiliza sobre todo en forma de aceite o grasa para cocinar, este producto también sirve como componente para fabricar detergente, jabón, pasta de dientes, pintalabios e incluso biocombustible.

El aceite de palma es muy utilizado en lugares como India, China, Indonesia, Brasil y la Unión Europea porque resulta más barato que otros tipos de aceite y grasa utilizados para cocinar.

El aceite de palma es, junto con el de soja, uno de los aceites que más se producen a nivel mundial. Esto se debe en buena parte a su gran rendimiento en relación a la superficie cultivada: mientras que sólo el 5% de las plantaciones de aceite son utilizadas para la palma, estas producen casi un 40% del aceite vegetal del planeta.

Los principales productores de aceite de palma son Indonesia, Malasia, Nigeria, Tailandia y Colombia, así como otros países de África tropical y Centroamérica.

Historia y popularización

La palma africana o Elaeis guineensis es una planta nativa de la región de Guinea, situada entre Gambia y Angola en el suroeste de África.

Los antiguos egipcios ya utilizaban el aceite de palma para cocinar, mientras que en la medicina tradicional africana también se usa para curar heridas e infecciones de la piel, para tratar el estreñimiento y el dolor de cabeza o como antídoto.

Los cultivos de palma se empezaron a popularizar a partir de la Revolución Industrial, puesto que en el Reino Unido este aceite se utilizaba para lubricar máquinas. Países de África Occidental como Nigeria y Ghana se convirtieron en importantes exportadores de aceite de palma.

En esa misma época, a mediados y finales del siglo XIX, la palma aceitera fue introducida en el sureste asiático; esta región se convertiría progresivamente en la base principal de producción de aceite de palma.

Riesgos para la salud

El aceite de palma, como el de coco, contiene una gran cantidad de grasas saturadas, lo cual es poco común en aceites vegetales. Este tipo de grasas aumentan los niveles de colesterol LDL (o "malo"), que como sabemos contribuye al desarrollo de aterosclerosis y aumenta el riesgo de accidentes cardiacos.

En concreto, el aceite de palma contiene y da nombre al ácido palmítico, que se encuentra también en la carne. En grandes cantidades el ácido palmítico es dañino para la salud, en un grado similar a los ácidos grasos trans que encontramos en alimentos procesados.

Otros aceites vegetales, como el de girasol, el de canola y especialmente el de oliva, resultan mucho más saludables porque reducen los niveles de colesterol LDL, de modo opuesto a los aceites de palma y coco.

Consumir productos con aceite de palma es prácticamente inevitable en muchas regiones ya que su precio y su versatilidad lleva a muchas empresas a utilizarlo. Podemos encontrar este aceite en aperitivos de bolsa, margarinas, bollería industrial o productos lácteos.

Consecuencias para el medio ambiente

La palma africana es muy agresiva con el suelo sobre el que se cultiva ya que tiende a monopolizar sus nutrientes y a empobrecerlo progresivamente.

El aumento de la superficie ocupada por cultivos de palma aceitera ha provocado la destrucción de bosques en el sureste asiático. Estos efectos son especialmente notables en Indonesia y en Malasia y existe un alto riesgo de que la producción de aceite de palma tenga consecuencias similares para las selvas de América Latina.

La desaparición de hábitats está poniendo en peligro la supervivencia de especies autóctonas de Asia, entre ellas el orangután y felinos como el gato pescador, el gato cangrejero y el tigre de Sumatra.

Asimismo la expansión de los cultivos de palma africana frecuentemente expulsa de sus hogares a poblaciones indígenas de países como Colombia e Indonesia.

Deteniendo los cultivos de palma

En 2004 se creó la Mesa Redonda para el Aceite de Palma Sostenible. Esta asociación está formada por grupos medioambientales y por productores de aceite de palma que buscan, en teoría, que el cultivo de palma africana resulte sostenible a nivel mundial.

No obstante, los protocolos desarrollados por la Mesa Redonda son considerados insuficientes por muchas personas afectadas por la palma. Entre las críticas se incluye el hecho de que es probable que los cultivos de palma nunca puedan ser sostenibles. Además se han documentado casos de violación de los derechos humanos y animales en plantaciones aprobadas por este organismo.

Por otra parte, desde las ciencias de la nutrición se promueve que la producción de aceite de palma se reduzca en gran medida, o incluso que se prohíba, debido a los riesgos que supone para la salud.

Si queremos contribuir a detener los cultivos de palma, un primer paso importante es evitar comprar productos que lo contengan, como los de “marcas blancas” que encontramos en los supermercados.

Algunos términos bajo los que aparece el aceite de palma en las etiquetas de productos son “aceite vegetal”, “sustituto” o “equivalente de mantequilla de coco”, “alcohol cetílico”, “ácido palmítico” y en general la mayoría de palabras que empiecen por el prefijo “palm-”.

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