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Dieta paleo (o paleolítica): ¿en qué consiste y cuáles son sus beneficios?

Muchas personas piensan que la verdadera salud sólo es posible evitando los alimentos procesados.

 

Los orígenes de la dieta paleolítica, como se puede intuir, asienta sus bases en el estilo de alimentación que llevaban nuestros antepasados hace aproximadamente dos millones de años. La gran cantidad de conservantes y aditivos añadidos en los alimentos que actualmente se comercializan llevan a muchas personas a adoptar este estilo de alimentación.

A continuación vamos a explicar en qué consiste la dieta paleolítica (o paleo), qué alimentos pueden consumirse en este contexto y cuáles de ellos están vetados. Además os ofreceremos ideas sobre recetas y formas sencillas de preparar ricos platos que ayuden a evitar los alimentos refinados y procesados en la dieta.

¿Qué es la famosa dieta paleolítica?

La dieta paleo se popularizó hace ya unos años. Sus orígenes no son novedosos y se remontan al estilo de alimentación que los habitantes de la época paleolítica llevaban a cabo. De forma sintética, la dieta paleo consiste en imitar la forma en la que se alimentaban nuestros antepasados muchos miles de años atrás.

De hecho, no fue hasta que se inició la revolución industrial cuando se crearon grandes factorías de la alimentación, por lo que la mayoría de alimentos que se consumían hasta entonces eran primeras materias de origen natural que apenas habían sido procesadas.

Esto tenía sus ventajas y sus inconvenientes ya que, pese a ser alimentos totalmente libres de conservantes o aditivos, su consumo debía ser mucho más inmediato y en proporciones más grandes pero con una frecuencia menor.

Esto se hacía para evitar la putrefacción de la carne que se había cazado o de las frutas y verduras que se habían recolectado. En este punto yace la clave de la ideología de la dieta paleo, que consiste en no comer nada que no existiese en esa época, es decir, cualquier alimento que no provenga directamente de la naturaleza.

¿Qué alimentos están prohibidos?

En la dieta paleo el consumo de azúcares y de hidratos de carbono no tiene lugar a través de alimentos como los granos procesados o los azúcares refinados, sino que estos nutrientes se obtienen de frutas y otros tipos de alimentos que proporciona la naturaleza.

De este modo las pastas alimenticias, el pan, la pizza, la bollería industrial y la artesanal o cualquier tipo de producto que contenga harina está prohibido ya que se entiende que su consumo es perjudicial para el organismo al no estar este preparado filogenéticamente para este tipo de alimentos. Por supuesto, esta idea es cuestionable desde un punto de vista cientifista.

Además quedan totalmente vetados todos los alimentos que contengan azúcares añadidos, es decir refinados, tales como los refrescos, los zumos, el chocolate, las galletas, la bollería u otro tipo de dulces que se pueden encontrar en cualquier supermercado.

Alimentos aceptados en la dieta paleo

En contra de lo que muestran las tradicionales pirámides de la alimentación en las que los carbohidratos cobran especial relevancia y conforman la base de la nutrición, en el caso de la dieta paleolítica esta función la cumplen las verduras.

Las verduras y las hortalizas pasan a ser el elemento central de este estilo de alimentación; de este modo alimentos como el calabacín, la berenjena, el brócoli, las judías verdes, la zanahoria o las espinacas van a ser lo que aporte la energía principal al organismo.

Un escalafón hacia arriba se encuentran la carne, el pescado y los huevos. Todos estos elementos pueden ser recogidos directamente de la naturaleza y consumidos sin llevar a cabo ningún tipo de procesamiento. Tanto la carne de vaca como la de cerdo, pollo o cordero son aceptadas, así como todo tipo de pescados y mariscos.

Por último se encuentran las frutas, las semillas, los frutos secos y las especies. Estos alimentos aportan la energía, en forma de azúcares y carbohidratos, que el cuerpo necesita para funcionar. A diferencia de lo que popularmente se cree, las cantidades de carbohidratos necesarias son mucho menores de las que habitualmente se consumen en una dieta normal.

Las legumbres, el café o la leche no son alimentos de preferencia para este tipo de dieta pero se pueden consumir en pequeñas cantidades ya que se considera que no conllevan ninguna consecuencia negativa para el organismo.

Cantidad de alimentos y frecuencia de consumo

En la dieta paleo, tanto las cantidades de alimentos consumidos como la frecuencia diaria en la que se consumen varían de lo que está establecido como “normal”. De este modo, las cinco comidas al día que tantos nutricionistas recomiendan no son adecuadas en esta dieta.

Además el consumo de alimento fritos no está permitido; únicamente se pueden utilizar aceites como el de oliva o el de coco para aderezar las verduras o las carnes y en ningún caso para freír ya que este estilo de cocción almacena en el alimento un exceso de grasas no necesarias.

Así, lo ideal es llevar a cabo tres comidas al día: desayuno, comida y cena, siempre con la premisa principal de comer cuando se tenga hambre (hambre real, no ansiosa).

El desayuno

Se llevará a cabo un desayuno que incluya algún elemento proteico, intentando evitar carnes o pescados, que se reservarán para la comida.

Se pueden escoger alimentos como el huevo o las semillas de chía, acompañados con algún tipo de compota de frutas a la que se puede añadir frutas frescas para darle textura y color.

La comida

Para la comida es importante añadir elementos cárnicos que pueden estar cocinados a la plancha, asados o cocidos. Si se añade carne con verduras en una olla y se le agrega agua se puede conseguir un caldo muy sabroso. Además es importante acompañar la carne o el pescado con un buen plato de verduras.

No se debe olvidar que las verduras pasan a ser la base de la alimentación de esta dieta, por lo que las cantidades han de ser generosas. Tanto verdura cocida, al vapor o a la parrilla como ensaladas crudas son adecuadas.

La cena

Según quienes siguen esta dieta, para cenar se deben consumir alimentos como verduras ligeras, preferiblemente de hoja verde u hortalizas con bajos niveles de carbohidratos, además de una porción pequeña de pescado o carne blanca y algún tipo de fruta o de frutos secos.

Una ensalada verde con tomate y zanahoria acompañada por salmón a la plancha y una pieza de fruta de postre sería una cena más que saludable y enriquecedora a nivel nutricional, además de nada pesada para el organismo.

¿Qué beneficios tiene esta dieta para el organismo?

Como se puede observar, la dieta paleo es bastante intuitiva en cuanto a la frecuencia en la que se ingieren alimentos y la cantidad de estos. Las cantidades adecuadas dependen del metabolismo de cada persona, de modo que es necesario quedar saciados en las comidas.

El organismo está preparado para asumir una cantidad de hidratos de carbono mucho menor a la que la sociedad actual está acostumbrada a ingerir; esto explica la prevalencia actual de afectaciones tales como la diabetes mellitus, la hipertensión arterial o la obesidad.

En los aproximadamente 20 años posteriores al momento en el que se popularizó la dieta paleo se han llevado a cabo múltiples estudios analizando los beneficios que este estilo de alimentación tiene para la salud, y se ha demostrado que son muchos.

Se ha visto que llevar un estilo de alimentación rico en verduras y proteínas de origen animal y que excluya los carbohidratos procesados tiene repercusiones muy positivas para el organismo. De forma destacable se reducen los niveles de azúcar en sangre y se regula la producción de insulina, lo cual contribuye a prevenir la diabetes mellitus tipo II.

Además se ha mostrado efectiva en la disminución de la hipertensión arterial, así como en el decremento del colesterol y de la obesidad. El fortalecimiento del sistema inmunitario y una equilibrada regulación hormonal también son beneficios de este estilo de alimentación.

La dieta paleo podría ser adecuada en patologías como la colitis ulcerosa o la enfermedad de Crohn. Esto es debido a que las toxinas que el organismo genera son mucho menores y tanto los riñones como el hígado pueden funcionar de una manera más relajada.

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