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Cervicalgia (dolor cervical): qué es, causas, síntomas y tratamiento

Analizamos la información más relevante sobre el dolor de cuello y explicamos cómo se puede tratar.

 

 

La investigación científica sugiere que aproximadamente 2 de cada 3 personas sufren, han sufrido o sufrirán dolor de cervicales en algún momento de su vida. Este tipo de malestar, al que hacemos referencia por lo general utilizando un concepto tan genérico como “dolor de cuello”, recibe el nombre técnico de “cervicalgia”, que significa literalmente “dolor cervical”.

En este artículo describiremos qué es la cervicalgia, qué síntomas se asocian a éste y qué tratamiento conviene llevar a cabo por tal de reducir el malestar que ocasiona, y que tiene una tendencia significativa hacia la cronicidad. Por el momento, empecemos por la contextualización de este fenómeno tan habitual y desagradable.

¿Qué es la cervicalgia y qué síntomas tiene?

El manual diagnóstico CIE-10 (Clasificación Internacional de Enfermedades), desarrollado por la Organización Mundial de la Salud, incluye la cervicalgia en la categoría de trastornos del sistema musculoesquelético y del tejido conectivo. De forma más específica, se incluye en la subcategoría de las dorsalgias, es decir, los dolores de espalda que se originan en las vértebras.

Desde esta perspectiva el dolor cervical sería cercano a otros trastornos como la radiculopatía, la lumbalgia, la ciática, el dolor que se produce en la parte baja de la espalda y el que se localiza en la columna torácica.

La cervicalgia en sí misma es un síntoma de tipo doloroso que tiende a agravarse cuando la cabeza se encuentra en una misma postura durante mucho tiempo seguido. Este dolor no aparece aislado, sino que con frecuencia lo acompañan una disminución marcada de la movilidad de la cabeza, rigidez y espasmos en la musculatura y dolores de cabeza o cefaleas.

Se calcula que el dolor cervical afecta a aproximadamente un 5% de la población general en un momento temporal dado. Los datos epidemiológicos de que disponemos indican que la cervicalgia es más habitual en mujeres que en hombres: mientras que su prevalencia puntual se acerca al 6% en personas de sexo femenino, es ligeramente inferior al 4% en varones.

¿Cuáles son sus causas?

La cervicalgia puede deberse a causas distintas, no siempre relacionadas con el cuello en sí mismo. Lo más habitual es que aparezca como consecuencia de tensión muscular (que puede tener una naturaleza aguda o crónica) en la parte baja del cuello y en la región superior de la espalda, o bien en otras áreas del cuerpo funcional y estructuralmente asociadas con estas.

Las tres articulaciones superiores del cuello son una de las localizaciones habituales de este tipo de lesión, puesto que se trata de las más relevantes en los movimientos del cuello y de la cabeza y les sirven de soporte. La cervicalgia suele deberse a la tensión excesiva y mantenida de los músculos adjuntos a estas articulaciones.

Por otra parte, en ocasiones el dolor focalizado en la musculatura del cuello también puede estar causado por pinzamientos en los nervios de las vértebras cervicales. Tales alteraciones provocan sensaciones de dolor al interrumpir el envío normal de impulsos electroquímicos a lo largo de estas vías nerviosas.

Las posturas inadecuadas y las caídas son dos de las causas más comunes de las lesiones que hemos mencionado. Es importante tener en cuenta también que el estrés de origen psicológico y social promueve el incremento de la tensión muscular, y en consecuencia genera disfunciones y dolor en los músculos, siendo los del cuello y la cabeza particularmente vulnerables.

Tratamiento del dolor cervical

Como sucede con la mayor parte de trastornos físicos, la cervicalgia debe tratarse de forma diferente en función de cuál sea su causa. En este sentido, cuando el dolor es consecuencia de alteraciones severas como traumatismos craneoencefálicos, tumores o infecciones los ejercicios musculares que se suelen prescribir podrían tener un grado de eficacia muy bajo.

El tratamiento más habitual de la cervicalgia consiste en ejercicios focalizados en las articulaciones de la columna vertebral que se encuentren afectadas; se pueden encontrar referencias a este tipo de intervención bajo la nomenclatura “ajuste vertebral”. Por supuesto, los ejercicios adecuados también varían en función de la localización del daño.

Este tipo de tratamiento no sólo reduce los síntomas a corto plazo, sino que a largo plazo puede ser más eficaz que la medicación tanto en el alivio de las sensaciones de dolor como en el restablecimiento de las funciones motoras. El personal médico puede optar, por otro lado, por una combinación entre medicación y ejercicios de terapia física individualizados según el caso.

Los analgésicos pueden ser útiles para reducir el dolor de forma temporal, especialmente los antiinflamatorios no esteroideos (o AINEs) como el ibuprofeno y el diclofenaco, más conocido por el nombre comercial “Voltaren”. En la misma línea, los relajantes musculares parecen tener una eficacia similar, si bien algunos estudios cuestionan esta afirmación.

La cirugía, en cambio, está desaconsejada para la mayoría de los casos de dolor cervical, como los que se deben a pinzamientos de nervios o a tensión psicológica y muscular. Sin embargo, la cervicalgia debida a tumores y a enfermedades médicas puede hacer necesaria una intervención quirúrgica.

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