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Diabetes mellitus: qué es, causas, síntomas y tipos

Descúbrelo todo sobre la diabetes, una enfermedad asociada a alteraciones en la hormona insulina.

El estilo de vida actual facilita el desarrollo de muchos tipos de enfermedades. En particular la mala alimentación, la falta de ejercicio, el sobrepeso y el consumo de tabaco aumentan el riesgo de trastornos como la hipertensión, las enfermedades del corazón y la diabetes.

En este artículo exploraremos qué es la diabetes mellitus, qué síntomas causa y en qué tipos se divide. Para ello es importante que describamos también las funciones de la insulina y del glucagón, así como la naturaleza de los episodios de hipoglucemia y de hiperglucemia.

¿Qué es la diabetes?

La diabetes mellitus es una enfermedad crónica del sistema endocrino, es decir, relacionada con la actividad de las hormonas. Concretamente se debe a un déficit en la producción de insulina en el páncreas que impide la correcta metabolización de la glucosa, haciendo que se acumule en la sangre.

Aproximadamente el 8,3% de la población mundial adulta tiene diabetes; el 90% de casos se categorizan dentro de la diabetes de tipo 2. Más adelante describiremos en profundidad éste y el resto de tipos de diabetes mellitus.

A largo plazo, la diabetes aumenta el riesgo de muerte prematura. Si no se trata de forma adecuada puede llegar a provocar enfermedades del corazón y de los riñones, problemas oculares, polineuropatías y úlceras graves en los pies (“pie diabético”).

Insulina y glucagón: el papel de las hormonas

Las dos hormonas clave para la comprensión de la diabetes mellitus son la insulina y el glucagón. Ambas son producidas por los islotes de Langerhans, una región del páncreas.

Mientras que la secreción de glucagón aumenta la concentración de glucosa en sangre, la insulina promueve su absorción, haciendo que se almacene en el organismo en forma de glucógeno y grasas.

Cuando comemos aumentan los niveles de glucosa en sangre. Esto hace que el páncreas deje de producir glucagón y secrete en cambio insulina para que podamos almacenar los nutrientes extra.

Después de comer y de digerir los niveles de glucosa vuelven a bajar, lo cual hace que el páncreas realice el proceso opuesto: segrega glucagón para que la glucosa y la grasa que se han almacenado vuelvan a estar libres en sangre, de forma que el encéfalo y los músculos puedan utilizarlas como fuente de energía.

No obstante en las personas con diabetes este proceso no funciona de forma correcta porque el páncreas no produce suficiente insulina o la que secreta es defectuosa, de modo que los receptores no responden a su presencia. Esto provoca que la glucosa se acumule en la sangre de forma crónica.

Síntomas y signos de este trastorno

Los síntomas más frecuentes y específicos de la diabetes mellitus no tratada son el aumento del hambre, de la sed y de la necesidad de orinar (polifagia, polidipsia y poliuria). Asimismo suelen darse pérdida de peso y altas concentraciones de glucosa en orina (glucosuria).

También es relativamente habitual que se produzcan fatiga, dolores de cabeza, náuseas y vómitos, picores, cicatrización inadecuada, dolor abdominal y visión borrosa. Si los niveles de glucosa se mantienen muy elevados durante un periodo largo de tiempo la visión se puede ver afectada.

El estrés agrava los síntomas y los signos de la diabetes mellitus porque libera hormonas que aumentan el nivel de glucosa en sangre. Además tener esta enfermedad resulta estresante en sí mismo por lo exigente de su manejo, lo cual puede facilitar la aparición de síntomas de tipo ansioso y depresivo.

Hipoglucemia e hiperglucemia

Si el nivel de glucosa en sangre de una persona es inferior a 60 mg/dl (miligramos por decilitro) decimos que tiene hipoglucemia. Los niveles de azúcar de las personas con diabetes tipo 1 suelen bajar cuando se inyectan una cantidad excesiva de insulina, hacen demasiado ejercicio o pasa mucho tiempo entre una comida y la siguiente.

Estos episodios provocan síntomas como taquicardia, sudoración o nerviosismo y es posible aliviarlos ingiriendo una pequeña cantidad de azúcar, por ejemplo un terrón.

Por el contrario, la hiperglucemia se da cuando los niveles de glucosa son superiores a 120 o 140 mg/dl y producen falta de apetito, sed, aumento de la necesidad de orinar y molestias en el sistema digestivo.

Los episodios de hiperglucemia suelen deberse a déficit de insulina, ingesta excesiva o falta de ejercicio. Se trata mediante inyecciones de insulina. Como hemos dicho previamente, los niveles de estrés también pueden influir en el aumento de los niveles de glucosa.

Tipos de diabetes mellitus

Según la Organización Mundial de la Salud y la Asociación Americana de Diabetes (ADA) podemos categorizar la diabetes mellitus en distintos tipos en función de cuáles sean sus causas. También existen otras categorías menos utilizadas, como es el caso de la diabetes neonatal o de la diabetes del adulto de inicio juvenil (MODY).

Si bien por lo general los casos de diabetes se diagnostican como uno de los tipos que mencionaremos, también es frecuente que en una persona se combine más de una de estas formas de diabetes.

1. Insulinodependiente (Tipo 1 o DMID)

La diabetes mellitus de tipo 1 también es conocida como insulinodependiente (DMID), juvenil e infantojuvenil. Como sus nombres indican, la diabetes tipo 1 normalmente se inicia antes de la edad adulta y requiere insulina externa. Se caracteriza por subidas y bajadas bruscas de los niveles de glucosa.

Este tipo de diabetes tiene su causa en la ausencia de células productoras de insulina en los islotes de Langerhans del páncreas; dicha alteración requiere una predisposición genética pero también problemas externos, como malos hábitos alimenticios. La diabetes tipo 1 explica alrededor de un 10% de los casos totales de esta enfermedad.

El tratamiento de la DMID se centra en el autocontrol de los niveles de glucosa en sangre y en el manejo efectivo de las bajadas de azúcar. Para favorecerlos es importante aprender a detectar las señales corporales y externas que preceden a los cambios en glucosa.

Esto incluye la discriminación de síntomas físicos de las bajadas de azúcar (hipoglucemias), como palpitaciones, sudoración o sensación de debilidad.

2. No insulinodependiente (Tipo 2 o DMNID)

La diabetes mellitus no insulinodependiente (DMNID) se desarrolla más habitualmente a partir de los 40 años. Se debe a la resistencia a la insulina por parte de las células y en algunos casos también a la producción insuficiente de esta hormona, normalmente debidos a obesidad, falta de ejercicio o consumo excesivo de carbohidratos y de grasas saturadas y trans.

Este tipo de diabetes también se caracteriza porque cuando aparece no requiere la administración de insulina exógena como sucede en la DMID, si bien a largo plazo no es infrecuente que se acabe necesitando.

El tratamiento de la diabetes tipo 2 es muy distinto al de la 1 ya que sus síntomas se reducen mediante cambios en el estilo de vida. En estos casos se recomienda a las personas afectadas que hagan ejercicio físico, que se alimenten adecuadamente y que pierdan peso.

3. Gestacional

La diabetes mellitus gestacional se produce cuando los niveles de glucosa en sangre de una mujer embarazada aumentan crónicamente. Esto sucede en un 3-9% de los embarazos y en un 10% de casos se mantiene después del parto.

Este tipo de diabetes es muy similar al tipo 2 (DMNID) en cuanto a síntomas y también se debe a resistencia a la insulina. Es más probable que se produzca en personas con sobrepeso e historia familiar diabetes tipo 2.

La diabetes gestacional aumenta el riesgo de que el bebé necesita una cesárea y desarrolle alteraciones, como el síndrome de dificultad respiratoria neonatal. Se puede prevenir manteniendo una dieta y un peso saludables y haciendo ejercicio (con una intensidad adecuada al estado de la madre) antes del parto.

4. Otros tipos

Las clasificaciones recogen también otras causas de diabetes mellitus distintas a las de los tipos 1, 2 y gestacional. Muchos de estos tipos se deben a una alteración genética o son secundarios a otra enfermedad.

De entre estos, alguno de los más frecuentes son los siguientes:

  • MODY (diabetes del adulto de inicio juvenil): variante hereditaria que se diagnostica antes de los 25 años y se asemeja a la diabetes tipo 2.

  • LADA (diabetes autoinmune latente del adulto): similar a la diabetes tipo 1, pero detectada en la edad adulta; frecuentemente se diagnostica erróneamente como diabetes tipo 2.

  • Debida a trastornos del páncreas.

  • Debida a endocrinopatías como hipertiroidismo, acromegalia o síndrome de Cushing.

  • Inducida por fármacos y sustancias como esteroides, betabloqueantes o antipsicóticos atípicos.

  • Neonatal: hiperglucemia que se produce durante las dos primeras semanas de vida y puede ser permanente o transitoria, aumentando el riesgo de diabetes en la adultez.

  • Prediabetes: se da cuando una persona tiene niveles elevados de glucosa sin llegar al diagnóstico de diabetes; aumenta el riesgo de diabetes tipo 2.

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