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Fractura ósea: qué es, síntomas, tipos, causas y tratamiento

Las fracturas óseas son habituales en la tibia, el radio, la cadera, el tobillo o el peroné.

 

La gran mayoría de nuestros huesos se caracterizan por ser sorprendentemente fuertes y, por lo general, resisten impactos de gran intensidad. Sin embargo, si esta fuerza es muy potente o si existe algún daño previo en el hueso, éste puede fracturarse.

Las fracturas óseas son lesiones relativamente comunes en las que se produce una ruptura de uno (o varios) de los huesos de nuestro cuerpo. Para conocer más acerca de ella, a lo largo de este artículo descubriremos qué es una fractura ósea, sus síntomas, causas y tratamientos. También enumeraremos los principales tipos de fracturas.

¿Qué es una fractura ósea?

Una fractura ósea es una afección médica en la que se produce una ruptura parcial o completa en la continuidad del hueso. En los casos más graves, el hueso puede incluso romperse por varias partes diferentes.

Aunque prácticamente todos los huesos de nuestro cuerpo pueden sufrir una, las fracturas son más comunes en la tibia, el radio, el tobillo, el peroné, la muñeca y la cadera en las personas en edad adulta.

Este tipo de lesión ósea puede estar causada por un gran impacto o presión. No obstante existen otros factores que facilitan la rotura de un hueso, como ciertas afecciones médicas que debilitan nuestros huesos -incluyendo la osteoporosis, la osteopenia, el cande de hueso o la osteogénesis imperfecta, en la que la fractura se conoce como fractura patológica.

En los casos de enfermedades que afectan a la densidad y resistencia de los huesos, el más mínimo impacto puede causar la fractura de este.

Existen varias formas diferentes en las que un hueso puede fracturarse. Cuando la lesión no daña el tejido circundante ni rasga la piel, se conoce como fractura cerrada. Por otra parte, si penetra en el tejido dérmico se trata de una fractura compuesta o fractura abierta. Las fracturas compuestas son más graves que las simples, ya que suelen infectarse y su curación es más complicada, dolorosa y duradera.

Con el paso de los años y el aumento de la edad, nuestros huesos se vuelven más frágiles y no son capaces de soportar tanta fuerza. Debido a que los huesos de los niños son más elásticos, las fracturas óseas sufridas a estas edades tienden a ser diferentes.

Síntomas y signos principales

Los signos y síntomas de una fractura pueden variar según diferentes factores como la edad, el hueso afectado, la gravedad de la lesión y el estado de salud general de la persona.

No obstante, existen algunos signos y síntomas que pueden alertarnos de un hueso fracturado. Estos incluyen:

  • Dolor en la zona afectada

  • Hinchazón

  • Hematomas

  • Piel decolorada alrededor del área afectada

  • El área afectada puede estar doblada en un ángulo inusual o angulación

  • Incapacidad de soportar peso en el área afectada

  • Sangrado en el caso de fractura abierta

En aquellos casos en los que la fractura aparezca en un hueso grande, la persona puede experimentar también otros síntomas como malestar general, palidez, mareos, náuseas y desmayos.

Cuando un hueso se fractura, es recomendable que la persona no se mueva o lo haga lo menos posible hasta que un profesional pueda evaluar la situación y la gravedad de la rotura y, si fuera necesario, aplicar un tratamiento de emergencia; es habitual el uso de férulas.

Tipos de fracturas

Además de los tipos de fractura cerrada y compuesta o abierta, existe una amplia gama de tipos de fractura según las áreas del hueso y tejido afectadas y de la gravedad de la lesión. Los principales tipos de fracturas incluyen los siguientes.

  • Fractura por avulsión: un músculo o ligamento tira del hueso y lo fractura.

  • Fractura por compresión o aplastamiento: suele ocurrir en el hueso esponjoso de la columna vertebral.

  • Fractura conminuta: el hueso se rompe en muchas partes diferentes.

  • Fractura de Greenstick: el hueso se fractura parcialmente por un lado pero no se rompe.

  • Fractura escamosa: consiste en otro tipo de fractura parcial.

  • Fractura longitudinal: la rotura se produce a lo largo del hueso.

  • Fractura oblicua: la lesión se hace en diagonal al eje largo del hueso.

  • Fractura por estrés: el hueso se rompe debido a tensiones y distensiones repetidas.

  • Fractura transversal: rotura recta a través del hueso.

Causas más habituales

La mayoría de las fracturas son causados por caídas o accidentes de todo tipo. Los huesos sanos son altamente resistentes y pueden soportar impactos muy fuertes.

Sin embargo, a medida que envejecemos aparecen dos factores que aumentan el riesgo de sufrir una fractura ósea. El primero es que nuestros huesos se vuelven considerablemente más débiles con el paso de los años, y el segundo que con la edad aumenta también el riesgo de caídas.

Los niños también suelen ser más propensos a las fracturas debido a que son más activos físicamente que las personas adultas, pero en las fracturas infantiles suelen ser menos graves y curan con mayor rapidez.

Por otra parte, las personas que sufren enfermedades subyacentes y condiciones que pueden debilitar sus huesos también poseen un riesgo mayor de sufrir una fractura ósea. Es el caso de los pacientes de osteoporosis, infecciones o tumores de hueso.

En el caso de las fracturas por estrés, estas afectan con mayor frecuencia a personas que hacen deporte, sobre todo a profesionales, debido a las tensiones y distensiones repetidas a las que los huesos se ven sometidos durante el ejercicio.

Tratamiento de estas lesiones

La curación de un hueso fracturado es un proceso natural que, en la mayoría de los casos, ocurre de manera automática, por lo que el tratamiento de una fractura consistirá en garantizar que esta curación se realice de la mejor manera.

Para que el proceso de curación natural comience, los dos extremos del hueso roto deben alinearse. Este procedimiento es conocido como reducción de la fractura. Durante la realización de la reducción de la fractura el paciente suele estar dormido, bajo los efectos de una anestesia general.

La reducción de la fractura puede hacerse mediante manipulación, mediante reducción cerrada, con una extracción de los fragmentos óseos o mediante cirugía.

A continuación se procede a la inmovilización de la zona afectada, la cual debe permanecer sujeta entre 2 y 8 semanas. El tiempo que la fractura tarda en curar depende del hueso afectado y de si existe alguna complicación, como una infección o un problema en el suministro de sangre.

Una vez el hueso se haya recuperado, puede que sea necesario restaurar la fuerza muscular y la movilidad del área afectada. Esto se consigue mediante ejercicios de fisioterapia dirigidos por un profesional y que pueden ser realizados durante tanto tiempo como sea necesario, según la gravedad de la lesión.

Referencias bibliográficas:

  • Marsh, J. L., Slongo, T. F., Agel, J., Broderick, J. S. & Creevey, W. (2007). Fracture and dislocation classification compendium - 2007: Orthopaedic Trauma Association classification, database and outcomes committee. Journal of Orthopaedic Trauma, 21(10): 1–133.

  • Witmer, D. K., Marshall, S. T. & Browner, B. D. (2016). Emergency Care of Musculoskeletal Injuries. Elsevier, 462–504.

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