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Hernia (de hiato, inguinal, umbilical y de disco): síntomas y tratamiento

Existen diferentes tipos de hernia pero en todas ellas se produce una salida anormal de tejido a través de una cavidad interna.
Existen diferentes tipos de hernia según la localización y el tipo de tejido afectado.

 

Las hernias son afecciones que, aunque pueden desaparecer por sí solas, pueden causar mucho dolor y complicaciones, por lo que resulta de vital importancia aprender a reconocer los síntomas que cada una de ellas puede causar.

A pesar de que en todas ellas existe una parte de tejido que sobresale de forma anormal a través de una cavidad, la inguinal, umbilical, discal o hiatal, entre otras, poseen rasgos que las diferencian. En este artículo, descubriremos qué es una hernia, sus principales tipos (de hiato, inguinal, umbilical, de disco) y síntomas, causas y tratamiento.

¿Qué es una hernia?

Una hernia es una afección en la que se produce una salida anormal del tejido o de un órgano a través de la pared de cavidad en la que se encuentra. Por ejemplo, uno de los tipos más comunes es aquella en la que el intestino atraviesa un área debilitada de la pared abdominal.

Asimismo, existen otros tipos muy habituales como la hiatal, la inguinal, la umbilical y de disco o discal.

Aunque, según la localización, puede presentar unos síntomas u otros, en un 66% de los casos las hernias son sintomáticas. Esto supone que la persona puede experimentar malestar o dolor localizado en el area afectada, sobre todo al moverse, hacer ejercicio o ir al baño. Este dolor suele ir en aumento a lo largo del día y mejora cuando la persona se mantienen en posición horizontal.

En el caso de hombres, las inguinales que no causan síntomas, no tienen porqué ser necesariamente tratadas o reparadas. Sin embargo, en el caso de las mujeres, está afección puede conllevar más complicaciones, por lo que en estos casos sí que se recomienda llevar a a cabo una intervención médica.  

Existen diversos factores de riesgo que pueden facilitar la aparición de una hernia. El tabaquismo, la enfermedad obstructiva crónica, la obesidad o el embarazo, son algunas de las condiciones que pueden influir en el desarrollo de cualquier tipos. No obstante, son, en parte, genéticas y ocurren con mayor frecuencia dentro de una misma familia.

¿Cuántos tipos existen?

Tal y como explicamos en el punto anterior, existen diferentes tipos de hernias que pueden clasificarse según la localización de estas, así como según el tejido u órgano afectado.

Los principales tipos son: hiatal, inguinal umbilical y de disco o discal. A continuación, explicamos cada una de ellas.

1. Hiatal

Una hernia hiatal ocurre cuando parte del estómago sobresale a través del diafragma, hacia la cavidad torácica. El diafragma es una capa de músculo que nos ayuda en la respiración, contrayendo y aspirando el aire hacia los pulmones y,además, separa los órganos que se encuentran en nuestro abdomen de aquello que están en el pecho.

Este tipo suele ser más habitual en personas mayores de 50; aunque pueden aparecer en niños a causa de un defecto congénito. Generalmente, hiatales suelen causar reflujo gastroesofágico. Esto ocurre porque el contenido del estómago se desplaza hacia la zona posterior de este, causando una sensación de ardor.

2. Inguinal

El tipo de hernias más común es la inguinal (se dan en un 75% de los casos). En las inguinales un tejido, mayormente una parte del intestino, sobresale a través de un punto débil en los músculos abdominales.

Esto hace que pueda aparecer una protuberancia resultante que puede ser dolorosa, sobre todo cuando la persona tose, se inclina o levanta un objeto pesado.

Además, este tipo es mucho más común en hombres debido que, poco después del nacimiento, los testículos descienden a través del conducto inguinal y, aunque este debería de cerrarse por completo una vez esto ocurre, en ocasiones el canal inguinal no se cierra correctamente y deja un área debilitada propensa a las hernias.

3. Umbilical

Las umbilicales son más habituales en niños y recién nacidos menos de 6 meses. Este tipo de hernia sucede cuando los intestinos del bebé sobresalen a través de la pared abdominal, cerca del ombligo.

En estos casos se puede percibir un bulto en el ombligo del niño, o alrededores, especialmente cuando este llora.

Aunque pueda parecer alarmante, una hernia umbilical suele desaparecer por sí sola a medida que los músculos de la pared abdominal se vuelven más fuertes, aproximadamente cuando el niño alcanza el primer año de edad. Si llegados a este momento la afección no ha remitido por sí sola, se puede recurrir a la cirugía para corregirla.

4. De disco o discal

Una hernia de disco, o discal, hace referencia a un problema con uno de los cojines o discos elásticos que hay entre las vértebras, formando ambos la columna vertebral.

Estos discos tienen un exterior más resistente que alberga un interior suave. A veces, el interior de este disco se sale a través de una rasgadura del exterior, provocando la variante discal.

Una hernia de disco puede provocar la irritación de los nervios cercanos, generando entumecimiento, dolor o debilidad en un brazo o pierna. Aunque en otros casos no llega a manifestar ningún síntoma que la delate.

Cambiar a unos hábitos de vida saludables pueden aliviar los síntomas dolorosos de una hernia. 

¿Cuáles son las causas?

Independientemente del tipo, todas las hernias son causadas por una combinación de presión y una apertura o debilidad del músculo, también llamado fascia. Esta presión empuja un órgano o tejido a través de la abertura o punto débil.

Cualquier cosa puede causar un aumento de la presión abdominal y provocar una hernia. Sin embargo, existen una serie de situaciones que pueden provocar la aparición de estas. Entre las principales causas se incluyen:

  • Defectos congénitos

  • Embarazo

  • Levantar objetos pesados sin estabilizar los músculos abdominales

  • Diarrea o estreñimiento

  • Tos persistente o estornudos

  • Ascitis o acumulación de líquido en el abdomen

  • Aumento de peso repentino

  • Nutrición deficiente

  • Tabaquismo

  • Cirugías

¿Existe un tratamiento?

Si es necesario recurrir a un tratamiento para la hernia o no, dependerá de factores como el tamaño de esta y la gravedad de los síntomas. En ocasiones, solamente será necesario controlarla para detectar posibles complicaciones.

Sin embargo, si fuera necesario pueden llevarse a cabo cambios en el estilo de vida, tratamiento farmacológico y cirugía.

1. Cambios en el estilo de vida

A menudo, los cambios en la dieta pueden aliviar los síntomas de una hernia hiatal, pero no harán que esta desaparezca. Para ello, es necesario evitar las comidas grandes o pesadas, no acostarse inmediatamente después de las comidas y mantener el peso corporal en un rango saludable,

Además, ciertos ejercicios pueden ayudar a fortalecer los músculos que se encuentran alrededor del sitio donde se encuentra el daño, lo que puede reducir también algunos de los síntomas. Sin embargo es necesario especificar que si estos ejercicios no se realizan de la manera correcta pueden hacer que esta se hinche más, por lo que se recomienda seguir las instrucciones de un fisioterapeuta.

2. Medicación

También en las hernias hiatales, existen medicamentos de venta libre que pueden aliviar el malestar y mejorar los síntomas mediante la reducción del ácido estomacal. Estos incluyen los antiácidos, bloqueadores del receptor H2 e inhibidores de la bomba de protones.

3. Cirugía

Si aumenta de tamaño o es dolorosa, puede que sea necesario recurrir a la cirugía. Esta afección puede repararse cosiendo el orificio de la pared abdominal, esto suele hacerse mediante un parche con malla quirúrgica.

Las hernias pueden ser intervenidas con cirugía abierta o con una laparoscopia. En la cirugía laparoscópica se utiliza una pequeña cámara y un equipo quirúrgico en miniatura para repararla con unas pocas incisiones. Este tipo de procedimiento resulta mucho menos dañino para el tejido circundante.

Referencias bibliográficas

  • Desarda, M. P. (2003). Surgical physiology of inguinal hernia repair—a study of 200 cases. BMC Surgery, 3:2.

  • Fitzgibbons, R. J. & Forse, R. A. (2015). Clinical practice. Groin hernias in adults. The New England Journal of Medicine, 372(8): 756–763.

  • Roman, S. & Kahrilas, P. J. (2014). The diagnosis and management of hiatus hernia. BMJ International, 349: g6154.

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