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Isquemia: ¿qué es? Definición, tipos, síntomas y tratamiento

Entre los tipos de isquemia más comunes encontramos la cerebral, la cardíaca o la intestinal.

 

La edad avanzada, el colesterol alto, fumar, el estrés o la falta de actividad son algunos factores de riesgo que pueden favorecer la aparición de isquemias. La falta de sangre en los órganos causan este tipo de patología, que puede llegar a tener consecuencias muy peligrosas como ataques al corazón o accidentes cerebrovasculares (ACV).

A continuación vamos a revisar qué es la isquemia, qué síntomas produce, cuáles son sus causas y cómo se trata esta patología.

Isquemia: ¿qué es? Definición, tipos y riesgos

La isquemia es una afección médica que se produce cuando no llega suficiente sangre a un órgano determinado, generalmente debido a una arteria bloqueada. Hay diferentes tipos de isquemias (cerebral, cardíaca, arterial, intestinal, renal...), siendo las más conocidas la cerebral y la de miocardio o cardíaca.

La isquemia miocárdica es una afección que se produce en la arteria coronaria. El tejido cardíaco de ésta se va privando de forma lenta o repentina de oxígeno y otros tipos de nutrientes. Cuando el flujo sanguíneo está completamente bloqueado para el corazón, la isquemia puede provocar un ataque cardíaco (infarto agudo de miocardio).

La isquemia puede ser silenciosa o sintomática; ambos tipos conllevan un gran riesgo de ataques al corazón. La isquemia sintomática se caracteriza por un dolor en el tórax llamado angina de pecho. Las personas con angina también corren el riesgo de sufrir un ataque cardíaco.

La angina estable ocurre durante el ejercicio, puede aliviarse rápidamente al descansar o tomar nitroglicerina y dura de tres a veinte minutos. La angina inestable, que aumenta el riesgo de un ataque al corazón, ocurre con mayor frecuencia, dura más tiempo, es más severa y puede causar molestias durante el descanso o el esfuerzo leve.

Isquemia cerebral y ataque isquémico transitorio

Asimismo, la isquemia puede ocurrir en las arterias del cerebro, donde los bloqueos pueden provocar un accidente cerebrovascular. Alrededor del 80-85% de todos los accidentes cerebrovasculares son isquémicos.

La mayoría de los bloqueos en las arterias cerebrales se deben a un coágulo de sangre, a menudo en una arteria que se estrecha por la placa. A veces, un coágulo de sangre en el corazón o la aorta viaja a una arteria cerebral.

Un ataque isquémico transitorio es un pequeño accidente cerebrovascular causado por una deficiencia temporal de suministro de sangre al cerebro. Ocurre de repente, dura de unos pocos minutos a algunas horas y es una fuerte señal de advertencia de un ataque inminente.

La isquemia también puede afectar a los intestinos, las piernas, los pies y los riñones. Puede causar dolor, mal funcionamiento y daño en esas áreas.

Síntomas y signos principales

La isquemia puede producir diferentes tipos de síntomas en función de la zona afectada. En general los síntomas incluyen dolores fuertes en el área en cuestión, sensación de pesadez, ardor, sensación de dolor asfixiante y molestias que se pueden llegar a extender hasta la garganta, la mandíbula, los brazos o las piernas.

Asimismo se pueden presentar otros signos como sensación de rigidez, pérdida de la coordinación, falta de visión o visión doble, dificultad para hablar, vértigo, deterioro del equilibrio, hormigueos, entumecimientos o debilidad repentina en partes del cuerpo (normalmente la cara, los brazos y las piernas).

La detección temprana de estos síntomas puede facilitar el tratamiento de la isquemia con éxito. Además, las nuevas técnicas de diagnóstico médico permiten identificarla de forma más temprana y pueden evitar que la isquemia derive a ataques al corazón.

Causas de la isquemia

Entre los factores de riesgo más comunes podemos destacar la herencia genética, el sexo (en concreto ser hombre), la edad (existe un mayor riesgo en hombres mayores de 45 y en mujeres mayores de 55), ser fumador activo o pasivo, tener el colesterol alto, la falta de actividad física, la diabetes mellitus, la obesidad, el estrés y la ira.

En relación a sus causas, la isquemia casi siempre es causada por el bloqueo de una arteria, generalmente debido a una placa aterosclerótica. La isquemia miocárdica es causada por coágulos sanguíneos (que tienden a formarse en la placa), espasmos, contracciones arteriales o cualquiera de estos factores combinados.

La isquemia silenciosa, en cambio, generalmente es causada por estrés de tipo emocional o mental, así como por esfuerzos físicos. Aun así, en estos casos no se presentan síntomas visibles para poder detectarla.

La angina de pecho generalmente es causada por un aumento de la demanda de oxígeno del corazón, cuando éste está trabajando más de lo normal -por ejemplo durante un periodo de ejercicio o cuando se produce un estrés mental o físico continuado para la persona.

Según se ha visto en varias investigaciones, el estrés físico es mucho más duro para el corazón que el estrés mental. Asimismo, un ataque isquémico transitorio puede ser provocado por un coágulo de sangre que bloquea de forma breve una arteria cerebral.

Tratamiento, manejo y prevención

Para tratar las isquemias suelen aplicarse tanto tratamientos farmacológicos como quirúrgicos (siempre en función de las características particulares de cada caso).

Los medicamentos como los nitratos, los beta-bloqueantes y los bloqueadores de los canales de calcio alivian el dolor en el pecho, pero no pueden eliminar los bloqueos en las arterias. Los procedimientos quirúrgicos incluyen la angioplastia coronaria transluminal percutánea y la cirugía de injerto de derivación de la arteria coronaria.

La nitroglicerina es el tratamiento clásico para la angina de pecho. Alivia rápidamente el dolor y la incomodidad al abrir las arterias coronarias y permitir que fluya más sangre al corazón.

Los beta-bloqueantes reducen la cantidad de oxígeno requerida por el corazón durante el estrés. Los bloqueadores de los canales de calcio ayudan a mantener las arterias abiertas y a reducir la presión arterial. La aspirina ayuda a prevenir la formación de coágulos de sangre en las placas.

Finalmente, las modificaciones en la dieta como la reducción o eliminación de las grasas saturadas (típicas de la carne), son esenciales. El aumento de fibra, que se encuentra en las frutas frescas y en las verduras, puede ayudar al cuerpo a eliminar el exceso de colesterol a través de las heces.

El ejercicio, particularmente el de tipo aeróbico, es esencial para la salud del sistema circulatorio. Por otro lado, dejar de fumar es un método básico para prevenir el desarrollo de esta afección médica.

Referencias bibliográficas:

  • De Milto, L. (2002). Ischemia. In D. S. Blanchfield & J. L. Longe (Eds.), The Gale Encyclopedia of Medicine (2nd ed., Vol. 3, pp. 1868-1872). Detroit: Gale.

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