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Varicela: qué es, vacuna y síntomas (en niños y adultos)

La varicela, una enfermedad vírica que afecta a niños y adultos, suele causar síntomas leves.

 

Existen infecciones y enfermedades que, aunque no tienen por qué suponer un peligro para la integridad o la salud física de la persona, causan síntomas que pueden llegar a ser realmente molestos o incluso desquiciantes.

Es el caso de la varicela, conocida por las erupciones cutáneas que la acompañan y por el terrible picor que estas pueden llegar a provocar. A lo largo de este artículo descubriremos qué es la varicela, sus síntomas, forma de contagio y tratamiento, así como algunos remedios caseros para aliviar sus síntomas.

¿Qué es la varicela?

La varicela es una enfermedad conocida por ser altamente contagiosa. Es causada por una infección del virus de la varicela-zoster (VVZ). Esta infección vírica se caracteriza porque causa una erupción cutánea muy distintiva en forma de pequeñas ampollas que pueden aparecer en cualquier zona del cuerpo y que, además, se acompañan de una sensación de picor muy intensa.

Habitualmente las ampollas comienzan a salir en zonas como el pecho, la espalda y la cara para a continuación extenderse al resto del cuerpo. Si la erupción es muy intensa o la persona se rasca en exceso, las ampollas eclosionarán y se convertirán en llagas que pueden llegar a ser muy dolorosas.

El resto de síntomas, entre los que se incluyen fiebre, sensación de fatiga y dolor de cabeza, tienden a permanecer aproximadamente entre cinco y siete días tras el inicio de estos.

Riesgos y manejo (en niños y adultos)

Aunque los síntomas de la varicela no tienen por qué suponer un peligro para la salud de la persona, esta enfermedad puede acarrear complicaciones como neumonía, inflamación cerebral o infecciones bacterianas.

Si bien es cierto que la varicela puede afectar a personas de todas las edades, esta tiene una incidencia mayor en niños. Sin embargo, los casos de varicela en adultos suelen ser más graves y con síntomas mucho más severos que cuando se dan en niños.

Para prevenir la enfermedad, en el año 1995 se introdujo la vacuna contra la varicela en el mercado global. Gracias a ella se produjo una disminución tanto del número de casos de esta como de la gravedad y de las complicaciones de salud que la acompañan.

En caso de contagio se lleva a cabo un tratamiento sintomático para disminuir la intensidad de los picores y la fiebre. Si hay riesgo de complicaciones se suele administrar un fármaco antiviral.

Síntomas de esta enfermedad

Los primeros síntomas de la infección por varicela suelen aparecer entre 10 y 21 días tras la exposición al virus, permaneciendo de 5 a 10 días si no se dan complicaciones. La persona suele advertir la enfermedad debido a la erupción cutánea, la cual revela el contagio del virus.

Una vez que aparece la erupción de la varicela, la enfermedad se desarrolla en tres fases. En primer lugar se produce un aumento del número de protuberancias rosadas o rojas, conocidas como pápulas, que surgen a lo largo varios días.

A continuación aparecen pequeñas ampollas o vesículas llenas de líquido que se forman a partir de las protuberancias. Duran alrededor de un día y después se rompen y se filtran. Las ampollas rotas se cubren de costras que requieren de varios días para cicatrizarse y curar.

Debido a que las protuberancias pueden ir apareciendo durante varios días, es habitual que la persona con varicela experimente las tres etapas al mismo tiempo. Asimismo, existen otros síntomas que pueden aparecer un par de días antes de desarrollar la erupción. Estos otros síntomas de la varicela incluyen:

  • Fiebre

  • Disminución del apetito

  • Dolor de cabeza

  • Cansancio

  • Sensación de malestar general

Tal y como se menciona en el punto anterior, los síntomas de la varicela son más leves en niños sanos que en adultos. En los casos más graves, la erupción puede extenderse hasta cubrir prácticamente todo el cuerpo, causando lesiones en la garganta, los ojos y las membranas mucosas (uretra, ano y vagina).

Causas y modo de contagio

Como ya sabemos, la única causa de la varicela es el virus varicela-zoster. Este virus se propaga por aire, por lo que puede transmitirse fácilmente a través de la tos o los estornudos de una persona contagiada con el virus.

El riesgo de que una persona contagie a otros es mucho mayor dentro de las 48 horas anteriores al inicio de los síntomas, lo que significa que la persona es más contagiosa cuando aún no es consciente de que está contagiada. Este riesgo permanece constante hasta que todas las lesiones cutáneas se han encostrado.

Otra vía de contagio es el contacto directo con las ampollas. Aquellas personas no inmunes a la varicela pueden ser contagiadas si se da un contacto directo cutáneo entre las ampollas y la piel de la otra persona.

Por regla general, una persona solamente puede tener síntomas de varicela una vez en su vida; esto significa que, aunque puede producirse una reinfección por el virus, esta no suele causar ningún síntoma. Se pueden realizar pruebas de anticuerpos para determinar si la persona es inmune o no a esta enfermedad.

Factores de riesgo

Existen una serie de situaciones o contextos que pueden aumentar el riesgo de contagiarse con el virus de la varicela-zoster. Entre los factores de riesgo para esta enfermedad se incluyen:

  • No estar vacunado contra la varicela

  • No haber tenido nunca esta enfermedad

  • Convivir con niños

  • Trabajar en o asistir con frecuencia a una escuela primaria o guardería

Tratamiento farmacológico

Generalmente, en personas sanas la varicela no suele requerir un tratamiento médico específico, por lo que la enfermedad sigue su curso de manera natural hasta desaparecer. Como mucho, el profesional médico puede recetar un antihistamínico para aliviar el picor y paracetamol u otros analgésicos de potencia baja para disminuir la fiebre y los síntomas asociados.

No obstante, aquellas personas con un alto riesgo de desarrollar complicaciones por la varicela pueden ser tratadas con fármacos antivirales, como el aciclovir, o inmunoglobulina intravenosa para acortar la duración de la infección y ayudar a disminuir el riesgo de complicaciones.

Estos fármacos resultan muy eficaces a la hora de disminuir la gravedad de la varicela siempre y cuando sean administrados dentro de las 24 horas posteriores a la aparición de los primeros signos de erupción.

Remedios caseros y consejos para la varicela

Existen una serie de medidas que la persona con varicela puede adoptar en casa y en su estilo de vida para aliviar los síntomas de la enfermedad y hacer que el tiempo que permanezca la enfermedad sea lo menos molesto posible.

No rascarse

Es importante que aunque la persona sienta mucho picor no se rasque las ampollas. Rascarse la piel puede causar cicatrices en las ampollas y aumenta el riesgo de que las llagas se infecten.

Cuando la varicela afecta a un niño, resulta útil recortar las uñas o poner unos guantes en las manos, especialmente durante la noche.

Intentar aliviar el picor

En lugar de rascarse, para aliviar el picor de las erupciones cutáneas la persona puede recurrir a baños fríos con bicarbonato de sodio, con avena sin cocer o con harina de avena coloidal.

Asimismo, las lociones de calamina ayudan a proteger y calmar la piel cuando esta se encuentra irritada y se pueden conseguir tanto en farmacias como en supermercados.

Referencias bibliográficas:

  • Askalan, R., Laughlin, S., Mayank, S., Chan, A., MacGregor, D., Andrew, M., Curtis, R., Meaney, B. & deVeber, G. (2001). Chickenpox and stroke in childhood: a study of frequency and causation. Stroke, 32(6): 1257–62.

  • Parmet, S., Lynn, C. & Glass, R. M. (2004). JAMA patient page. Chickenpox. JAMA, 291(7): 906.

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