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Síndrome del nido vacío: cuando los hijos abandonan el hogar

La emancipación de los hijos puede interferir de forma muy intensa en el bienestar de los padres.

El síndrome del nido vacío aparece en los progenitores cuando uno de sus hijos decide abandonar el hogar y emanciparse. Sentimientos de tristeza y de ansiedad por el cuidado del hijo pueden llegar a interferir en el buen funcionamiento de la vida diaria de quienes lo padecen.

A continuación vamos a hacer un breve repaso por las etapas el ciclo vital de la familia, ubicando en síndrome del nido vacío en una de ellas. Además vamos a explicar en qué consiste este fenómeno, las repercusiones familiares que puede acarrear y los tratamientos disponibles en la actualidad.

Etapas del ciclo vital de la familia

No es posible la comprensión total del síndrome del nido vacío sin antes llevar a cabo una breve explicación de las fases por las que pasa la familia desde su formación hasta que, debido al crecimiento y al desarrollo de los hijos, estos marchan de su hogar -frecuentemente con el objetivo de formar un nuevo sistema familiar.

De este modo, la estructura y las normas de la familia van evolucionando junto con la evolución y el progreso de cada miembro que compone el sistema. De manera casi natural, la gran mayoría de familias pasan por este ciclo que se compone de las etapas que describiremos a continuación (Feixas et al., 2012).

1. Fase de cortejo

En esta etapa, dos personas independientes con su propia cultura familiar deciden unirse con o sin el objetivo de formar una familia. En este momento los ideales, los principios y los pensamientos de cada uno interaccionan con los del otro y, deseablemente, se alcanza un consenso entre las dos partes.

2. Primeros años de convivencia o matrimonio

Cuando ambas personas han visto que son compatibles entre sí, deciden convivir y, con frecuencia, contraer matrimonio. Sea como sea, esta fase se entiende como una unión casi permanente en la que los dos individuos están decididos a pasar la vida juntos. Se distribuyen los roles y las tareas de cada uno y se establecen las bases culturales del nuevo sistema familiar.

3. Nacimiento y crianza de los hijos

Si se sigue un estilo familiar tradicional, el siguiente paso es tener hijos. En este momento la estructura familiar cambia drásticamente, y con ella las normas y el funcionamiento del sistema. Los roles y la interacción de cada progenitor con los hijos y entre ellos experimentan una evolución.

4. La adolescencia y la emancipación

Después de la época de crianza de los niños, durante la cual estos aún son dependientes de sus padres, llega el momento de “dejarlos volar”. Es aquí cuando los hijos se sienten independientes y necesitan libertad de acción. Entrada la juventud, estos deciden emanciparse con el objetivo de formar así una nueva familia propia; es en este punto cuando aparece el síndrome del nido vacío.

5. El final del ciclo y la vejez

En este momento puede que los padres ya se hayan convertido en abuelos. Si esto sucede se involucrarán en mayor o menor medida en el cuidado de sus nietos pero la relación con sus hijos se enmarcará ya en un prisma más cooperador y no de crianza. La jubilación y el “reencuentro” con la pareja se producen de manera habitual.

¿En qué consiste el síndrome del nido vacío?

Una vez expuestas las bases del desarrollo familiar, es el momento de enmarcar y ubicar el síndrome del nido vacío. Antes de hacerlo es importante destacar que cada familia tiene unos ritmos y unos tiempos diferentes. Asimismo la estructura familiar actual puede llegar a ser muy heterogénea, de modo que no es raro encontrar nuevos sistemas familiares que se han formando alrededor de uno de los progenitores.

Pese a esto, y de manera habitual, el síndrome del nido vacío ocurre cuando los hijos deciden independizarse por haber llegado ya a una fase de la juventud en la que necesitan la libertad y la independencia que todo nuevo adulto anhela. Este periodo se corresponde con la etapa 4 del ciclo vital familiar.

Es en este punto cuando los progenitores, en especial las madres, emiten una respuesta desadaptativa a la emancipación de sus hijos en la que el sentimiento de pérdida se convierte en una sensación persistente que produce malestar y puede interferir en el funcionamiento normal del individuo.

La marcha del hijo se siente como una pérdida que lleva asociados sentimientos de tristeza, angustia, ansiedad, soledad, desconcentración y dolor que recuerda a los que se viven cuando se inicia un proceso de duelo. Es habitual que estos síntomas remitan pasados de 6 a 9 meses, aunque en ocasiones pueden mantenerse durante más tiempo.

Más común en mujeres que en hombres

El síndrome del nido vacío es un trastorno más frecuente en mujeres que en hombres. Esto se debe con toda probabilidad a que habitualmente, y como consecuencia de los roles de género tradicionales, las madres tienen un papel mucho más relevante en la crianza de los hijos que el de los padres, por lo que se atribuyen el cuidado y la responsabilidad de la educación y del bienestar del niño.

Este rol tan importante a la par que exigente hace que gran parte de la vida de la madre gire en torno a las exigencias y las necesidades de los hijos, lo que acaba convirtiéndose en una de las tareas más importantes de su vida e incluso en el núcleo de la propia identidad.

Cuando el hijo no depende tanto de sus cuidados y decide emanciparse, la madre puede llegar a experimentar este hecho como un abandono y una pérdida que acarreará problemas de autoestima e incluso síntomas psicosomáticos como dolor de cabeza o de estómago.

Repercusiones psicológicas y relacionales en la familia

Es necesario apuntar que lo habitual es que el sistema familiar acepte e interprete como un éxito la emancipación de alguno de sus hijos. La independencia de los descendientes se traduce como un logro en la educación y la crianza por parte de los padres.

No obstante, cuando se ha invertido gran cantidad de tiempo y esfuerzo en el hijo y se han dejado de lado actividades o tareas (ya sean profesionales o de ocio) que ayudan a la autorrealización, la única fuente de productividad para esa persona era el cuidado de su hijo; es entonces cuando el síndrome se convierte en un fenómeno más común.  

Divorcio o reactivación de la relación

El síndrome del nido vacío derivado del abandono del hogar por parte de todos los hijos puede tener dos consecuencias claras a nivel familiar.

En primer lugar puede suceder que, una vez pasada la fase de crianza, los progenitores se reencuentren como dos individuos independientes que han de desarrollar nuevos roles y normas; cuando esto se da aumenta la satisfacción marital.

La segunda consecuencia y la menos agradable es que, una vez el nido se encuentra vacío, el objetivo que tenían en común ambos progenitores y lo que los unía ha desaparecido, por lo que con frecuencia también desaparecen los motivos para permanecer juntos y se produce el divorcio.

Sea como sea, la marcha de un hijo del hogar produce un cambio en el sistema familiar que es necesario gestionar mediante la comunicación de los miembros que aún permanecen y la repartición de las tareas y responsabilidades en función de la nueva estructura.

Tratamiento del síndrome del nido vacío

En ocasiones los síntomas del nido vacío, como la tristeza, la ansiedad o la falta de concentración, remiten de manera progresiva cuando la persona se adapta a la nueva situación.

En el caso de que esto no ocurra y el sentimiento de pérdida de alargue en el tiempo, el problema adquiere una nueva denominación: cuando se da esta situación hablamos del “síndrome del nido perdido” (Lauer & Lauer, 2002).

Cuando se produce el síndrome del nido perdido, promovido por factores como crisis de identidad, gran ansiedad por el bienestar del hijo o marcada dependencia emocional, es probable que sea necesario acudir a psicoterapia.

El tratamiento psicológico que se proporciona para la remisión de la sintomatología de este síndrome tiene como base la reestructuración cognitiva, técnica que se centra en la modificación de las creencias y de los pensamientos erróneos de la persona que lo sufre. Será importante descartar patologías más graves como la depresión mayor, asociada a este fenómeno.

Así, el psicólogo animará a la persona a realizar actividades que favorezcan el crecimiento personal y la autorrealización. Además orientará la marcha del hijo como un logro y no como una pérdida: un éxito al que ha contribuido la educación equilibrada y saludable del hijo, convertido ya en una persona independiente y capaz de enfrentarse a los contratiempos que aparecen en el día a día.

Referencias bibliográficas:

  • Feixas G., Muñoz, D., Company, V. & Montesado, A. (2012) El modelo sistémico en la intervención familiar. Dipòsit Digital de la UB [consultado el 2 de noviembre de 2017]. El ciclo vital de la familia. Disponible en: http://diposit.ub.edu/dspace/bitstream/2445/31584/1/Modelo_Sistemico_2012_2013r.pdf

  • Lauer, J. C. & Lauer, R. H (2002). Cómo sobrevivir al nido vacío. Barcelona: Grupo Editorial Random House Mondadori.

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