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Anestesia (local y general): riesgos y efectos secundarios

La anestesia de tipo general o local (regional) conlleva riesgos y efectos secundarios potenciales.

 

Una gran parte de los procedimientos médicos, como las cirugías o las intervenciones odontológicas (por ejemplo la endodoncia), suelen estar acompañadas de una sensación que a pocas personas les gusta experimentar: el dolor.

Para aliviar o evitar el dolor que pueden suponer estos procedimientos, antes de llevarlos a cabo al paciente se le administra una anestesia cuyas características dependerán del tipo de intervención que se vaya a realizar.

En este artículo hablaremos sobre las características de los tres tipos de anestesia (general, local y sedación). También describiremos los riesgos y los efectos secundarios asociados a su aplicación.

¿Qué es la anestesia? Definición del concepto

En la práctica clínica de la medicina, la anestesia hace referencia a la inducción temporal de un estado de pérdida de sensibilidad o conciencia. La anestesia puede incluir la analgesia, que implica el alivio o prevención del dolor, la parálisis o relajación muscular, la amnesia o pérdida de memoria y, finalmente, la inducción de la pérdida del conocimiento.

Antes de ciertos tipos procedimiento médicos, el profesional clínico que administra la anestesia (conocido como “anestesista”) elige y determina tanto el tipo de anestesia como la dosis de uno o más medicamentos con el objetivo lograr el grado de anestesia necesario que se ajuste al tipo de procedimiento y al paciente en particular.

Entre los diferentes tipos de fármacos utilizados para inducir la pérdida de sensibilidad o de consciencia se incluyen la anestesia general y los medicamentos hipnóticos, sedantes, narcóticos, analgésicos y bloqueadores neuromusculares.

Efectos de este procedimiento

Aunque dependen del tipo, los efectos de la anestesia pueden durar desde minutos hasta horas. Los pacientes sometidos a anestesia general suelen despertarse minutos después de la finalización de los efectos de la anestesia y recobran el sentido por completo.

No obstante, puede ocurrir una condición conocida como “disfunción cognitiva postoperatoria a largo plazo”, la cual consiste un estado de confusión persistente provocado por la anestesia y que puede llegar a durar semanas o meses. Esta afección suele ser más habitual en pacientes que se han sometido a una cirugía cardíaca o en personas de la tercera edad.

Debido a sus potentes efectos sobre el sistema nervioso y el organismo es general, la anestesia puede conllevar una serie de riesgos -algunos de ellos con escasa significación clínica pero también otros muchos más graves. Mientras que los efectos menos graves pueden incluir náuseas y vómitos postoperatorios, los riesgos más importantes son el ataque cardíaco, la embolia pulmonar y la muerte.

El riesgo real de que ocurran estas complicaciones depende de diversos factores relacionados con el estado de salud del paciente, la complejidad del procedimiento médico al que se va a someter y el tipo de fármacos anestésicos utilizados, siendo la salud del paciente antes del procedimiento el factor que tiene una mayor incidencia en la probabilidad de que ocurra una complicación.

Tipos de anestesia

La anestesia permita llevar a cabo de manera indolora ciertos procedimientos médicos que pueden provocar un dolor intenso y, en ocasiones, insoportable en pacientes no anestesiados. Para ello existen 3 tipos o técnicas de anestesia: sedación, anestesia general y anestesia local o regional.

1. Anestesia general

En el caso de la anestesia general, mediante la administración de fármacos se suprime la actividad del sistema nervioso central, lo que conlleva una pérdida total de la sensibilidad y del conocimiento.

La anestesia general se lleva a cabo con tres objetivos principales: inducir una parálisis o falta de movimiento, provocar la falta de consciencia y disminuir la respuesta al estrés.

2. Anestesia local (o regional)

En la anestesia local o regional se bloquea la transmisión de los impulsos nerviosos entre una zona específica del cuerpo y el sistema nervioso central, lo que provoca una pérdida de la sensibilidad de dicha parte del cuerpo. Existen dos subtipos de anestesia local:

  • Bloqueo central: en el bloqueo central o neuroaxial se administra el anestésico en la región del sistema nervioso central. El procedimiento de bloqueo central más conocido es la anestesia epidural.

  • Bloqueo periférico: en este caso se suprime la percepción sensorial de una parte aislada del cuerpo. Es el caso de la anestesia dental o de las anestesia locales aplicada para realizar una sutura.

A menos que se administren también fármacos sedantes o anestesia general, la persona que se encuentra bajo los efectos de la anestesia local permanece consciente y es capaz de percibir los estímulos del entorno e interactuar con estos, incluyendo a otras personas.

3. Sedación

En la sedación se suprime levemente la actividad del sistema nervioso central con el objetivo tanto de disminuir la ansiedad y evitar la creación de posibles recuerdos traumáticos a largo plazo, todo ello sin llegar a inducir una pérdida de consciencia total.

Para ello se utilizan fármacos con efectos sedantes como las benzodiazepinas, el propofol, el tiopental, la ketamina y los anestésicos generales inhalados.

Riesgos y efectos secundarios

Tal y como se menciona en el primer punto, debido a los efectos que la anestesia tiene en el organismo, puede provocar una serie de posibles consecuencias no deseadas. Mientras que la anestesia local es la que menos efectos secundarios puede provocar, la sedación y la anestesia general tienden a conllevar más efectos secundarios.

Asimismo, la cantidad e intensidad de los efectos secundarios puede variar de una persona a otra y, salvo contadas excepciones, ninguno de ellos es particularmente duradero. Entre los principales efectos de la anestesia de incluyen:

  • Confusión temporal y pérdida de memoria

  • Mareos

  • Dificultad para orinar

  • Hematomas o dolor por el goteo intravenoso

  • Náuseas y/o vómitos

  • Temblores y sensación de frío

En la actualidad la anestesia es un procedimiento bastante seguro, siendo los mayores factores de riesgo el tipo de intervención y el estado de salud de la persona. Los adultos mayores que se someten a largos procedimientos son el grupo de población que más riesgo corre a la hora de sufrir alguna complicación.

Los principales riesgos de la anestesia incluyen confusión postoperatoria, ataque cardíaco, neumonía y accidente cerebrovascular. Si bien es cierto que la anestesia puede conllevar cierto riesgo de muerte, esto ocurre en muy raras ocasiones (aproximadamente 1 de cada 100.000-200.000 casos).

Hay algunas condiciones de salud específicas que pueden aumentar el riesgo de complicaciones por la anestesia. Estas son:

  • Apnea obstructiva del sueño

  • Convulsiones

  • Afecciones cardíacas, renales o pulmonares

  • Presión sanguínea alta

  • Alcoholismo

  • Tabaquismo

  • Historial anterior de reacciones a la anestesia

  • Fármacos anticoagulantes como la aspirina

  • Alergias a algún medicamento

  • Diabetes mellitus

  • Obesidad o sobrepeso

Referencias bibliográficas

  • Andreae, M. H. & Andreae, D. A. (2012). Local anaesthetics and regional anaesthesia for preventing chronic pain after surgery. Cochrane Database of Systematic Reviews, (10).

  • Lagasse, R. S. (2002). Anesthesia Safety: Model or Myth?. Anesthesiology, 97(6): 1609–1617.

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