Viviendo La Salud

Telegram : +34 639 048 422

E-Mail: viviendolasalud@oblivionmedia.net

¿Qué es la anarquía relacional? Un intento de definición

La anarquía relacional, asociada al amor libre y al poliamor, promueve una concepción más abierta de las relaciones amorosas y sociales en general.
La anarquía relacional promueve una concepción más abierta de las relaciones amorosas y sociales en general.

 

La anarquía relacional se está popularizando de forma progresiva como un modelo alternativo para concebir las relaciones amorosas y sexuales, pero también otros tipos de vínculos entre personas.

El anarquismo relacional promueve una forma libre y espontánea de entender la interacción entre personas que no sólo desafía la supremacía de la monogamia sino que debería servir también para replantear las normas implícitas que rigen las relaciones sociales en su conjunto.

Definición de anarquía relacional

Sea o no la opción “más natural” para la mayor parte de personas, resulta innegable que el modelo monógamo de las relaciones de pareja predomina en casi todo el mundo. En consecuencia, las leyes de los Estados y la presión social en sí misma promueven la adopción de este tipo de relación amorosa por parte de todos los individuos, y desalientan o incluso castigan opciones distintas.

Por ejemplo, cuestiones tan cotidianas y relevantes como acceder a una vivienda pueden resultar económicamente complejas para una pareja tradicional, pero se vuelven más difíciles aún si se opta por un modelo no monógamo.

Así, surgen grandes dificultades en distintas áreas para quienes deciden tener una relación no exclusiva, evitan ligar su vida amorosa a una única persona o rechazan el matrimonio o el modelo tradicional de familia (por el cual son la madre y en menor medida el padre quienes deben ocuparse casi por su cuenta de la crianza de los pequeños).

En principio el anarquismo relacional no intenta en modo alguno imponerse sobre otras concepciones de las relaciones ni niega la naturalidad de la monogamia o de cualquier otro enfoque. Se trata más bien de un movimiento de defensa de los propios valores o derechos por parte de personas que se sienten constreñidas en el marco tradicional de las relaciones y cuestionan por ello normas sociales tradicionales, que les afectan de forma tangible.

Aunque en general el término “anarquía relacional” se utiliza para hablar de relaciones amorosas, técnicamente no se limita a este tipo de vínculo -o por lo menos, dado que el concepto de anarquismo relacional aún se encuentra en construcción, aprovecharé esta oportunidad para defender una definición amplia.

¿En qué se diferencia del poliamor y del amor libre?

La anarquía relacional no es lo mismo que el amor libre ni que el poliamor, aunque en cierto modo tiene su base en estos movimientos. Al menos como yo lo entiendo, el anarquismo relacional es un concepto más amplio -una filosofía que puede llevar a distintos “enfoques prácticos” de las relaciones amorosas, incluyendo los anteriores, pero que de hecho no excluye siquiera la monogamia.

Incluso si alguien rechaza que haya que categorizar y poner etiquetas a las relaciones, puede que en la práctica tenga una única pareja romántica y sexual… así que, si estás leyendo esto, debes saber que si tienes una mente abierta quizá aun siendo una persona monógama seas también anarquista relacional, al menos desde una definición amplia.

Diría que en espíritu el anarquismo relacional está más asociado al anarquismo como filosofía general que al poliamor, al amor libre, a la poligamia o cualquier otra preferencia exclusivamente amorosa, y que en el fondo tiene más que ver con un deseo general de construir relaciones honestas desde la conciencia y la defensa de las necesidades personales.

En todo caso, es evidente que todos estos términos se solapan, lo cual se debe en buena parte a que la anarquía relacional como tal es un movimiento muy reciente que no ha tomado todavía una entidad sólida y diferenciada.

Desplazar el foco de atención de las relaciones amorosas hacia un nivel superior -las relaciones sociales en su conjunto- podría ser de ayuda para seguir avanzando hacia una definición colectiva que recoja el núcleo filosófico profundo de la anarquía relacional.

La anarquía relacional es un concepto de relación diferente al poliamor y al amor libre. 

El Manifiesto de la Anarquía Relacional

El Manifiesto de la anarquía relacional, publicado por primera vez en sueco en el año 2006, es considerado la piedra angular de este movimiento, aunque conviene entenderlo como un ejemplo para inspirar nuestra propia concepción de las relaciones y no como una serie de “principios” rígidos o no debatibles. La autora del manifiesto es Andie Nordgren -anarquista relacional y productora del videojuego EVE Online.

Cabe esperar que en el futuro cercano se publiquen libros y otras obras de activistas del anarquismo relacional, dado que apenas acabamos de tomar conciencia de nosotras mismas como colectivo.

No obstante, en la actualidad la literatura disponible todavía es muy escasa y en cierto modo, a pesar de su brevedad o gracias a su concreción, el Manifiesto de la anarquía relacional puede servir de brújula a quienes no encuentran su Norte personal en el océano de la monogamia.

En todo caso, ten en cuenta que estas son sólo mis reflexiones personales como anarquista relacional en torno a los 9 puntos planteados por Nordgren en su Manifiesto y a sus principios, que encajan bastante bien con los míos. Aunque te consideres anarquista relacional no tienes por qué estar de acuerdo conmigo ni con Nordgren; de hecho, ojalá tu propia definición sea muy distinta.

1. El amor es abundante y cada relación es única

Por lo general las personas establecemos jerarquías en nuestras relaciones en función de la importancia que les concedemos. Etiquetas como “pareja” o “mejor amiga/o” van ligadas a normas sociales explícitas o implícitas que determinan en algún grado el tiempo que pasamos con una persona, las actividades que realizamos con ella o los objetivos que compartimos.

Aunque desde un punto de vista racional seguramente la mayoría de personas opinarían que es lícito, por ejemplo, desear vivir solo o bien con una persona a quien no consideramos una pareja y con quien no mantenemos una relación de tipo sexual, cuando se manifiestan preferencias fuera de la norma como esta ante quienes no las comparten estas suelen mostrar de forma instintiva reacciones de rechazo, desconfianza o extrañeza.

Tanto Nordgren como otros anarquistas relacionales consideramos que el amor no es un recurso limitado que haya que restringir a una pareja de forma obligatoria; lo mismo se puede decir de la sexualidad. Asimismo, querer a una persona no tiene por qué bloquear nuestra capacidad de querer a otras. Del mismo modo que no tenemos una única relación de amistad, tampoco estamos obligadas a tener sólo una relación amorosa o sexual.

El hecho de que la monogamia sea la norma no deja de ser una construcción social, y que la mayoría de personas actualmente la prefieran no les otorga el derecho moral de limitar de ningún modo la libertad de quienes optan por formas alternativas de entender las relaciones humanas.

2. Amor y respeto en lugar de “derecho”

Otro de los puntos que incluye Nordgren en su definición personal de la anarquía relacional es el respeto a los valores y las decisiones de la otra persona como aspecto nuclear de las relaciones (amorosas o de otro tipo).

Según Nordgren, el modelo monógamo tradicional se basa en exceso en la creencia o el sentimiento de que uno tiene “derecho” a que su pareja modifique su comportamiento para ajustarse a las propias preferencias, y de que uno debería estar dispuesto a hacer lo mismo por el otro. No ponerse de acuerdo no tiene por qué suponer una crisis relacional, como creen algunas parejas tradicionales.

Desde el anarquismo relacional se propone basar las relaciones en la autenticidad y en la honestidad. Intentar controlar la forma de actuar de las personas con quienes mantenemos relaciones para que se ajuste mejor a nuestras preferencias resulta, en mi opinión, moralmente cuestionable y constituye uno de los “vicios” clásicos de la monogamia.

3. Encuentra tus propios valores relacionales

El modelo tradicional de las relaciones presupone que todas las personas tenemos valores similares en cuanto a la pareja; por ejemplo, se espera que “creamos” en la exclusividad sexual y romántica -al menos hasta que se demuestre lo contrario, esto es, hasta que hagamos un acuerdo explícito con la persona en cuestión.

Por contra, las anarquistas relacionales defendemos que cada relación amorosa debería tener sus propias normas, pactadas con la otra persona. Enfocar nuestros vínculos relacionales desde la norma social es problemático porque implica que a priori dejamos de lado nuestras preferencias profundas, las cuales no tienen por qué corresponderse con lo que se espera de nosotras.

Para ello, uno de los primeros pasos en la “guía del anarquista relacional” debería ser aclarar con uno mismo cuáles son los propios valores en las relaciones de pareja o humanas en general. ¿Es de verdad importante para ti que tu pareja no tenga sexo o intimidad emocional con otras personas, por ejemplo, o en realidad crees que las relaciones amorosas deberían tener un núcleo diferente?

4. No te dejes guiar por el miedo causado por el heterosexismo

El cuarto punto del Manifiesto de la anarquía relacional llama la atención sobre el peso del sistema patriarcal y de sus normas en las relaciones entre personas. Dado que el anarquismo relacional es una corriente reivindicativa de carácter romántico-sexual (o incluso social en general), lo más natural es situarlo en el mismo plano que el feminismo o que el movimiento LGTBIQ.

A partir de la perspectiva heterosexista vigente se determina, en general de forma implícita, cuáles son los comportamientos normativos en el marco de las relaciones de pareja y de otros tipos, como pueden ser las interacciones entre personas de género femenino y masculino en su conjunto.

De este modo se refuerzan patrones de comportamiento diferencial, por ejemplo el control de la mujer por parte del hombre, y se censuran en algún grado conductas que no encajan en la norma, como las homosexuales.

En relación a este último caso, “heterosexual”, “homosexual” e incluso “bisexual” son etiquetas que en el fondo pretenden limitar la libertad de las personas y que no recogen en absoluto la riqueza de la sexualidad humana. Con este punto el anarquismo relacional de Nordgren incluye entre las propias algunas de las reivindicaciones del colectivo LGTBIQ.

5. Prepárate para lo inesperado y agradable

Por mi experiencia personal considero que la sociedad en su conjunto nos enseña a interiorizar determinados objetivos asociados a la relación (monógama) de pareja, de modo similar a lo que mencionábamos al hablar de la importancia de tener en cuenta los propios valores en nuestra vida sentimental.

De este modo, y aunque las nuevas generaciones estamos cuestionando este tipo de planteamiento, se suele esperar que nos casemos, vivamos en pareja y tengamos hijos con “nuestra media naranja”. Pero no todo el mundo comparte estas metas y aún menos al ritmo veloz propuesto por normas sociales obsoletas que además ignoran que cada vez es más complicado tener un sueldo digno o pagar el alquiler de una vivienda, por ejemplo.

Muchas anarquistas relacionales consideramos que las relaciones, sean romántico-sexuales o no, se vuelven más saludables y honestas si se basan en la espontaneidad y en el acuerdo a partir de las preferencias de cada uno de los individuos implicados, y no en la asunción y el cumplimiento de objetivos que han sido introyectados sin cuestionarlos de forma profunda.

6. “Finge” hasta que lo consigas

Esta traducción más o menos literal de la expresión anglosajona “fake it until you make it” viene a decir que si te identificas con la anarquía relacional deberías ser fiel a ti mismo y comportarte de la manera que te parezca más honesta a pesar de que no siempre te va a resultar fácil -ni deberías esperar que así sea; no olvides que estarás quebrantando una norma social férrea.

Si te identificas con la anarquía relacional, el poliamor o el amor libre, asume que vas a pasar por períodos de duda y probablemente también de soledad. Aunque somos muchas, las redes que nos unen todavía están por construir y depende de nosotras dar y recibir apoyo y consejos cuando sea necesario. Si nos mantenemos unidas y coherentes nos será más fácil recordar que tenemos derecho a ser como somos y a actuar en consecuencia.

7. Es mejor confiar

De forma similar al punto 2 del Manifiesto de la anarquía relacional, Andie Nordgren plantea que las relaciones deberían partir de la confianza mutua y de la creencia de que la otra persona quiere lo mejor para nosotras, y viceversa.

El modelo monógamo tradicional de las relaciones de pareja incluye como uno de sus elementos típicos la relevancia que se da a la validación o al apoyo constante del otro individuo. No obstante, dar espacio a la persona con quien mantenemos una relación amorosa y que esta nos lo dé a nosotras puede ser igualmente importante e incluso suponer un punto de partida más saludable.

8. El cambio a través de la comunicación

El octavo punto del Manifiesto de Nordgren me parece particularmente relevante desde un punto de vista práctico. En él la autora destaca el papel central de la comunicación dentro del modelo de la anarquía relacional, y no como un modo de “solucionar problemas” o “crisis” -rol que Nordgren atribuye a la comunicación en la pareja tradicional.

Si nuestra meta es construir relaciones desde la sinceridad y la confianza, no comunicarnos suficientemente con la otra persona es un error fundamental y probablemente más grave que en el modelo tradicional, el cual parte del compromiso como elemento clave y no necesariamente tanto de la comunicación.

Por otro lado, deberías asumir que si tú eres quien se aleja de la norma social, tienes la obligación moral de informar de ello a las personas para quienes esto pueda ser relevante.

Siendo más claro, lo que quiero decir es que la mayoría de personas se ven a ellas mismas como monógamas y darán por sentado que una relación íntima avanza hacia esa “meta” si no se pacta algo diferente de forma explícita. Aunque no siempre sea el camino más cómodo o sintamos que se trata de una cuestión desigual, la norma social existe y tiene efectos evidentes, y resulta deshonesto fingir que no es así.

9. Personaliza tus compromisos

Ser anarquista relacional no es tener miedo al compromiso sino en todo caso negarse a asumir determinados compromisos del modo o al ritmo que la norma social indica. Eso sí, prepárate para recibir esta acusación una y otra vez si comunicas libremente que no te convencen las relaciones monógamas tradicionales.

En realidad, tanto el anarquismo en general como el relacional dan un enorme peso a las normas y a los compromisos. La diferencia con otros planteamientos más restrictivos es que en el modelo anarquista las decisiones se pactan entre las partes implicadas caso a caso, en lugar de asumir de primeras unas reglas predeterminadas sin nuestra participación.

El Manifiesto Anarquista puede servirnos de brújula para guiarnos dentro de la anarquia relacional. 

Reflexiones de un anarquista relacional

En mi opinión, en el fondo el anarquismo relacional promueve algo así como que todas las relaciones sean tratadas de un modo similar a las de amistad, en las que normalmente existe una flexibilidad mucho mayor que en las de pareja o en otros tipos de vínculos (como los familiares o los profesionales) y las normas suelen personalizarse más, aunque sea de forma implícita.

Si bien en teoría el anarquismo relacional, el amor libre o el poliamor no suelen estar explícitamente castigados por los Estados, lo cierto es que desde un punto de vista legal se refuerzan las relaciones de pareja tradicionales y al optar por alternativas surgen obstáculos muy importantes en ámbitos como la crianza de niños, las intervenciones médicas de emergencia e incluso los trámites que siguen al fallecimiento.

El modelo de pareja tradicional encaja bien con las desigualdades económicas profundas que existen en la mayor parte de sociedades; por ejemplo, si pagar un alquiler es desorbitadamente caro, evidentemente costearlo entre dos es más sencillo que hacerlo por cuenta propia. En cuanto al matrimonio, éste representa un contrato económico lógico que supone ventajas legales y prácticas sobre situaciones como la pareja de hecho u otras menos formalizadas.

Algo similar se puede decir del cuidado de los hijos; sin embargo, el modelo de familia tradicional consume mucho tiempo y energía de los cuidadores principales, lo cual lleva a veces a la negligencia emocional de los pequeños y a otros problemas. Además, tener múltiples adultos como modelos de conducta previene la transmisión de algunos comportamientos problemáticos.

Lo normal contra lo normativo

Muchas veces se argumenta que las relaciones monógamas son las más naturales a causa de los celos, que son vistos como inevitables e incluso saludables para la relación (“Se pone celosa/o porque me quiere”).

Con respecto a esto diré dos cosas: no todo el mundo siente celos de forma muy intensa, y por otro lado estos están reforzados en grado sumo por la sociedad. Es el modelo de relación tradicional el que normaliza los celos, del mismo modo que pretende inhibir otros impulsos.

Las personas no somos ni posesivas ni celosas por naturaleza -al menos no todas. En algunas el deseo de “mantenerse fiel” (entendamos lo que entendamos en esta expresión) a una única pareja no surge de manera natural o no se mantiene al cabo de un tiempo. No a todo el mundo le importan las normas sociales lo suficiente como para “reprimir sus impulsos” de forma crónica, o no está de acuerdo con que se le apliquen en vano. Las personas somos complejas y todas tenemos derecho a hacer lo que nos dé la gana mientras no perjudiquemos a otras.

La anarquía relacional, como otros movimientos asociados a las nuevas generaciones y a nuestra apertura de mente, es una corriente reconstructora que zarandea los cimientos de los relatos sociales tradicionales en pos de la libertad personal.

Referencias bibliográficas:

Comentarios