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Síndrome de Estocolmo: qué es, historia, causas y síntomas.

Repasamos qué es el famoso síndrome de Estocolmo, en el cual una persona retenida en contra de su voluntad desarrolla una complicidad hacia su captor.
El sídrome de Estocolmo es una respuesta natural de complicidad que desarrollan algunas personas en situación de secuestro. 

 

El síndrome de Estocolmo es uno de los fenómenos psicológicos más interesantes y curiosos que existen. Conocer las principales causas de esta respuesta psicológica así como sus síntomas nos puede ayudar a comprenderla mejor.

En este artículo descubriremos qué es el síndrome de Estocolmo, cuáles son sus causas y sus principales síntomas.

¿Qué es el síndrome de Estocolmo?

El síndrome de Estocolmo es una respuesta natural de complicidad que desarrollan algunas personas en situación de secuestro, cautiverio o amenaza. Según la investigación científica, este particular fenómeno sucede en alrededor del 8% de casos de personas que se ven envueltas en algún tipo de situación de secuestro o privación forzada de libertad.

Además, se caracteriza generalmente por presentar una serie de rasgos comunes en la mayoría de personas que lo padecen. En general estos rasgos son: generación de sentimientos positivos de los cautivos hacia el captor, ausencia de relación previa con el captor, negativa de colaborar con la policía en contra del captor y apelación a los supuestos buenos sentimientos y moralidad del mismo.

Este fenómeno es especialmente sensible y problemático por ser directamente opuesto a los intereses de cualquier persona que vive un estado de privación de libertad forzada. De hecho, el síndrome de Estocolmo como tal no aparece tipificado en ninguno de los grandes manuales de psiquiatría. Es por eso por lo que no es tenido en cuenta en procesos penales o en juicios de cualquier tipo donde la actuación del propio afectado pueda jugar en su contra.

Existen corrientes científicas en psicología que consideran que este síndrome no existe y que se trata más bien de un mito o de un fenómeno muy poco frecuente. Pese a eso, recientes investigaciones psicológicas sostienen que el síndrome de Estocolmo también puede darse en relaciones de pareja.

¿Qué síntomas presenta la persona?

Aunque no se presenta igual en todas las personas, podemos encontrar síntomas recurrentes en este tipo de respuesta psicológica. A continuación, destacamos los principales síntomas del síndrome de Estocolmo.

1. Síntomas físicos

Entre los síntomas físicos que se presenta podemos destacar: sudoración, taquicardia, insomnio, agresividad y efectos en el organismo debido a la privación de sueño, alimentación o luz.

2. Síntomas psicológicos

Los síntomas psicológicos que se pueden presentar en el síndrome de Estocolmo son los más conocidos y recurrentes.

Entre estos tipos de síntomas podemos encontrar: sentimientos positivos hacia el captor, así como una sensación de comprensión y validación de sus objetivos y actuaciones; dependencia hacia el captor; sentimientos de miedo o ira hacia la policía o cualquier otra autoridad; confusión; rechazo a reconocer la realidad; desesperación, agresividad, ansiedad y finalmente flashbacks.

Uno de los modelos explicativos del síndrome de Estocolmo sugiere que el afectado procura cumplir con las exigencias del delincuente.

¿Cuáles son las causas?

La alianza psicológica que se genera entre víctima y victimario en situaciones de secuestro o cautiverio puede explicarse por múltiples factores. Según la evidencia científica podemos situar las siguientes causas para explicar el síndrome de Estocolmo, a continuación las repasamos.

1. Objetivos comunes entre víctima y captor

Una de las principales causas que pueden explicar la aparición de este síndrome es la percepción que tiene la víctima que tanto esta como su captor tienen objetivos comunes en dicha situación crítica.

Además de eso, es habitual que el criminal en cuestión se presente como alguien que quiere resolver el problema y no como una amenaza, lo que facilita que la víctima termine por mostrar sentimientos favorables hacia el primero.

2. Pérdida de control en la víctima

Otra de las causas del síndrome de Estocolmo se explica con el hecho de que en las situaciones amenazadoras para la propia supervivencia como son las de secuestro o cautiverio, la víctima pierde cualquier tipo de control en la situación y está a merced de su captor.

Con el fin de proteger su integridad física, el afectado procura cumplir con las exigencias del delincuente y establecer una relación de absoluta sumisión.

Además de todo eso, esta sumisión se ejerce por parte de la víctima para dotar de sentido la situación, como mecanismo de alivio psicológico, y en ocasiones para autoconvencerse de que esta tiene algún control sobre la situación.

3. Regresión a la infancia

Desde algunos aproximaciones psicológicos se considera que en las situaciones donde se presenta un síndrome de Estocolmo la persona hace todo lo posible para no enfadar a su captor. Este mecanismo se puede explicar como una posible regresión a la infancia y a una reacción aprendida en la que el infante hace todo lo posible para no enojar al adulto y le obedece en todo.

4. Presión y soledad

Quienes presentan el síndrome de Estocolmo experimentan una sensación de soledad y una presión psicológica tan grande que terminan empatizando con el delincuente por el mero hecho de buscar complicidad y relación afectiva con otro ser humano.

El hecho de sentirse desamparado y aislado, junto con la percepción de haber sido abandonado por la policía, propicia el tipo de respuesta psicológica que se da en los casos de este síndrome.

5. Experiencia traumática

Otras de las causas del síndrome de Estocolmo se explica con el hecho de que a menudo vivir experiencias traumáticas acompañado hace que se forme un vínculo personal especial con aquellas personas con las que se ha compartido la experiencia. De nuevo, la sensación de desamparo y aislamiento  juegan un papel esencial en dicha respuesta.

6. Estrategia de supervivencia

Por otra parte, una alternativa que intenta explicar el síndrome de Estocolmo podemos encontrarla en el hecho de que la persona afectada pone en marcha estrategias básicas de supervivencia. Una de estas estrategias puede ser la creación de vínculos emocionales con el delincuente, así como de sentimientos favorables o empáticos hacia el mismo.

En el síndrome de Estocolmo la víctima puede llegar a sentir complicidad por el captor y cumplir todas sus órdenes sin cuestionarlas. 

Historia del síndrome

Aunque el concepto de “síndrome de Estocolmo” fue acuñado a principios de los años 70, existen referencias a un fenómeno psicológico de características similares en algunas novelas de ficción anteriores a esa fecha.

Este término fue inventado en 1973 cuando un ciudadano sueco, Jan Olsson, intentó robar en el Banco de Crédito de Estocolmo tomando como rehenes a cuatro personas. Durante el desarrollo del robo, y mientras la policía negociaba con el atracador, los rehenes se mostraron comprensivos y favorables a sucaptor una vez fueron liberados.

Esas cuatro personas, mostraron su descontento cuando el atracador fue detenido y además se negaron a testificar en su contra en el juicio por el atraco, un hecho inaudito hasta la fecha. Son especialmente recordadas unas declaraciones de una de las rehenes en las que aseguraba que le asustaba más la policía que lo que podría haber hecho el propio Olsson.

Uno de los psiquiatras de la policía que estuvo pendiente del caso durante las negociaciones creó el término “síndrome de Estocolmo” para referirse a lo que había sucedido. A lo largo del tiempo se han ido sucediendo más casos donde aparece este fenómeno, generalmente en el caso de rehenes, secuestrados, miembros de sectas, víctimas de abuso sexual y prisioneros de guerra.

Bibliografia:

  • Jameson, C. (2010). The Short Step From Love to Hypnosis: A Reconsideration of the Stockholm Syndrome. Journal for Cultural Research. Elsevior. 14.4: 337–355.

  • Namnyak, M.; Tufton, N.; Szekely, R.; Toal, M.; Worboys, S.; Sampson, E.L. (January 2008). ‘Stockholm syndrome': psychiatric diagnosis or urban myth?. Acta Psychiatrica Scandinavica. 117 (1): 4–11

  • Graham, Dee L. R. (1994). Loving to Survive. New York and London: New York University Press.

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