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¿Qué son los tics nerviosos? Tipos, causas y cómo eliminarlos

Los tics son movimientos involuntarios que pueden presentarse en distintas partes del cuerpo.
Los tics nerviosos pueden presentarse tanto en niños como en adultos.
 

Los tics nerviosos son movimientos constantes e involuntarios que pueden presentarse en cualquier parte del cuerpo. En términos generales pueden ser motores (como tics en el ojo) o vocales (repetición de ruidos, palabras, etc.).

En este artículo vamos a revisar qué son los tics, tanto en niños como en adultos, y cuáles son sus tipos más comunes. Finalmente revisaremos 3 trastornos relacionados y el tipo de tratamiento que se suelen utilizar.

¿Qué son los tics? Descripción general

Un tic, también llamado tic nervioso, es un movimiento corporal no voluntario o un sonido vocal que se produce de manera repetida, rápida y repentina. Tiene un carácter estereotipado pero no rítmico.

En este sentido es importante diferenciar los tics de otras conductas que podrían definirse como hábitos mediante los cuales reducimos la ansiedad e incrementamos nuestra concentración, por ejemplo, morderse las uñas.

A diferencia de esto, la persona que tiene tics siente un impulso irremediable para realizar la conducta que en inicio parece incontrolable. En algunos casos es posible suprimir el movimiento o el ruido cuando la persona se hace consciente de éste y durante un período determinado de tiempo.

Según la parte del cuerpo en donde se presentan, los tics se clasifican como “motores” o “vocales”. Según la etiología y frecuencia de los movimientos también se clasifican como simples o complejos. Sus causas pueden variar desde periodos con niveles elevados de estrés y ansiedad, hasta patologías de causa orgánica (congénitas o adquiridas).

Además, los tics nerviosos son un tipo de discinesia, que es el término médico general que se le da a las alteraciones o distorsiones de los movimientos que deberían ser voluntarios pero no lo son.

En niños y adultos

Aunque los tics varían considerablemente en severidad y en temporalidad, en muchos algunoss se asocian con trastornos neuropsiquiátricos que pueden presentarse en niños, adolescentes y adultos.

En cualquier caso, los más comunes suelen afectar a la cara, al cuello, a la voz (vocales) y a la parte superior del torso. No obstante, pueden afectar a casi cualquier parte del cuerpo. La experiencia de tener un tic es difícil de describir para aquellos que nunca han sufrido este problema.

Es así ya que tener tics se puede comparar con la sensación de tener que toser porque algo hace cosquillas en la garganta o en la nariz. En cualquier persona esta sensación es involuntaria e incontrolable, y conlleva una respuesta inmediata.

Tic en el ojo (en los párpados)

Tal como se ha dicho anteriormente, hay diferentes categorías y tipos de tics. Algunos son transitorios y pueden indicar la presencia de estados elevados de ansiedad.

En otros casos los tics son también indicadores de hiperactividad o sobreestimulación, ya sea por un estado elevado de energía o de estrés, o bien, por los efectos de alguna sustancia, por ejemplo, el caso de los tics en el ojo o párpados.

La causa específica de los tics en el párpado puede variar según la persona, la edad, el estado de salud, las actividades cotidianas, la presión a la que está sometida, etcétera, lo cual debe evaluarse en compañía de un especialista.

Así mismo, dependiendo de la frecuencia de los movimientos involuntarios de los ojos y del malestar que generan pueden ser indicadores de una causa o de otra.

Específicamente este tic se han incorporado en algunas escalas psicológicas de evaluación de la ansiedad y otras relacionadas con hiperactividad, que se aplican en personas sin trastornos relacionados directamente con el tic (como los que veremos más adelante).

Uno de los tics más comunes es el del ojo o párpado.

Principales tipos

En psicopatología suelen diferenciarse inicialmente en 2 grandes tipos de tics nerviosos de acuerdo con el grado de malestar que causan la persona. Se trata de los tics simples y tics los complejos. Veremos a continuación en qué consiste cada uno de ellos.

Tics simples

Los tics simples implican el movimiento de pocos músculos y la realización de sonidos; además duran pocos segundos. Algunos ejemplos incluyen hacer muecas faciales, parpadear los ojos, sacudir el cuello, gruñir, olfatear, hacer ruidos con la garganta, etc.

Tics complejos

Por su parte, los tics complejos involucran múltiples músculos e incluyen palabras o frases completas, por lo que duran más que los simples. Algunos tics complejos podrían ser gestos tales como saltar, ponerse en cuclillas, hacer movimientos con las manos, tocar u oler repetidamente un objeto, entre otros.

Además, los tics vocales complejos incluyen la palilalia (repetición de sus propias palabras); la coprolalia (uso de palabras obscenas); y la ecolalia, (la persona repite la última palabra o frase de otra).

Asimismo, como se ha comentado antes, los tics también pueden ser vocales (implican la realización de ruidos, palabras o frases) y motores (relacionados con movimientos, gestos, etc.).

3 trastornos relacionados con tics nerviosos

Hay diferentes tipos de síndromes o trastornos con tics y se diferencian los unos de los otros en función de 3 criterios:

  • la edad de la persona al inicio de la aparición del tic

  • la duración del trastorno

  • la cantidad y variedad de tics

A continuación se especificarán los 3 trastornos con tics más conocidos: el trastorno de tics transitorio, el trastorno crónico de tics motores o vocales y el trastorno de tourette.

1. Trastorno de tics transitorio

El tic transitorio o tic benigno de la infancia se caracteriza porque suele ocurrir antes de que la persona tenga 18 años. Estos tics ocurren casi todos los días durante al menos 4 semanas pero no durante más de 1 año.

Asimismo, el niño o adolescente que padezca este tipo de síndrome no deberá cumplir criterios para el síndrome de Tourette o el trastorno de tics crónico.

2. Trastorno de tics crónico

Los tics de este trastorno son de tipo motor o vocal, pero no ambos. En este caso, para cumplir con el diagnóstico de este síndrome, el individuo también tiene que ser menor de 18 años.

Además, los tics deben ocurrir muchas veces en el día, casi todos los días o intermitentemente durante más de 1 año. Finalmente, el niño no debe cumplir los criterios para el síndrome de Tourette.

3. Trastorno de Tourette (o Síndrome de Tourette)

Se considera el más grave de estos 3 trastornos relacionados con los tics. Para diagnosticar este síndrome, la persona debe ser menor de 18 años de edad. Los tics deben incluir múltiples movimientos vocales y motores, aunque no necesariamente al mismo tiempo.

Por otro lado, deben presentarse durante muchas veces a lo largo del día, casi todos los días o en intervalos de más de 1 año.

Para su diagnóstico también debe haber variaciones en el número, la ubicación, la gravedad, la complejidad y la frecuencia de los tics a lo largo del tiempo; y finalmente, los tics no se pueden atribuir a los efectos de una sustancia (como los estimulantes) o una enfermedad del sistema nervioso central.

Aunque no siempre se eliminan, existen distintas intervenciones para favorecer el control de los movimientos involuntarios. 

¿Cómo eliminarlos? Tratamientos más comunes

Tal como decíamos, los tics pueden tener múltiples causas. Por lo tanto, la posibilidad y la manera de eliminarlos varía en función de si los movimientos son esporádicos, o bien, si son consecuencia de cualquiera de los trastornos antes descritos.

En el primer caso, probablemente sea un reflejo involuntario de nuestro organismo en momentos de estrés. Así, lo más recomendable es procurar momentos de relajación y evaluar nuestras estrategias de afrontamiento del estrés.

En caso de que se repita constantemente es importante re-evaluarlo, ya que puede ser indicador de algo distinto. Por otro lado, la intervención que suele recomendarse para los trastornos antes descritos es la aplicación de un enfoque holístico y multidisciplinar que permita realizar un plan de tratamiento integral.

Es decir, debe incluir desde la psicoeducación y el diagnóstico oportuno, hasta el acompañamiento psicoterapéutico y la posibilidad intervención farmacológica.

1. Psicoeducación y evaluación oportuna

La psicoeducación en este caso estaría dirigida hacia al paciente y su familia. Consiste en brindar información concisa sobre el curso y desarrollo del trastorno. Naturalmente, para esto será necesaria la aplicación previa de las pruebas diagnósticas necesarias y la evaluación integral de la persona y su situación.

Asimismo, se necesitará la colaboración de los servicios educativos de la persona (en el caso de que sea un niño o un adolescente) para poder crear un ambiente de aprendizaje adaptado y propicio para su éxito académico.

En este mismo sentido, brindar psicoeducación entorno educativo, tanto con los profesores como con los niños. Es importante poner énfasis no sólo en los tics sino en las habilidades y autonomía del niño o adolescente, de manera que sea posible evitar señalamientos y discriminaciones.

2. Psicoterapia

En cuanto al tratamiento psicoterapéutico, la terapia cognitivo-conductual será recomendable, ya que permite manejar la frecuencia de los tics y sus repercusiones psicológicas en la persona.

Así mismo esto puede acompañarse de intervenciones que refuercen las estrategias de afrontamiento emocional, sobre todo en caso de que el tic tenga una causa relacionada con estrés, nerviosismo o ansiedad.

Por otro lado, puede ser necesario reforzar esto con logoterapia, sobre todo en el caso de los movimientos involuntarios relacionados con el lenguaje y la comunicación.

3. Terapia farmacológica

Finalmente, y de ser necesario, se puede evaluar el uso de medicación para el tratamiento de los tics, sobre todo si no son de causa psicógena, es decir, si son manifestación de alguna patología.

Este tipo de intervención se utiliza principalmente para favorecer el control de los tics motores y vocales, aunque deben tomarse en consideración los posibles efectos adversos a largo plazo, sobre todo en el caso de niños y adolescentes.

Los psicofármacos que se recetan son neurolépticos típicos (antipsicóticos), como el haloperidol (Haldol) y la pimozida (Orap); los antipsicóticos atípicos como la risperidona (Risperdal) y la clozapina (Clozaril) y a veces las benzodiazepinas para reducir el nivel de ansiedad del paciente, entre otros.

Referencias bibliográficas:

  • Frey, R. (2006). Tics. In K. Krapp & J. Wilson (Eds.), The Gale Encyclopedia of Children's Health: Infancy through Adolescence (Vol. 4, pp. 1836-1843). Detroit: Gale.

  • Scherstuhl, H. (2003). Tic disorders. In M. Harris & E. Thackerey (Eds.), The Gale Encyclopedia of Mental Disorders (Vol. 2, pp. 982-988). Detroit: Gale.

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