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Trastorno de ansiedad generalizada: síntomas y tratamiento

La ansiedad generalizada es un trastorno caracterizado por la preocupación incontrolable y crónica.

 

El trastorno de ansiedad generalizada es una alteración muy común que comporta síntomas tanto psicológicos como físicos. Se caracteriza fundamentalmente por una preocupación crónica e imposible de controlar en torno a múltiples áreas de la vida.

A continuación describiremos de forma detallada los síntomas y el tratamiento de la ansiedad generalizada, tanto desde el punto de vista de la ciencia psicológica como de la médica y farmacológica.

Trastorno de ansiedad generalizada (TAG): ¿qué es?

La ansiedad generalizada es un trastorno definido por la preocupación crónica, incontrolable y excesiva con respecto a eventos de la vida cotidiana. Esta preocupación se manifiesta en lo que se conoce como “expectación aprehensiva” de acontecimientos que tendrán lugar (o que podrían suceder) en el futuro.

De forma sintética, las personas con ansiedad generalizada se preocupan de forma patológica y tendente al catastrofismo por dificultades que no justifican tales pensamientos desde un punto de vista externo, sino que principalmente se trata de problemas subjetivos magnificados por procesos de pensamiento de carácter ansiógeno.

Para que esta preocupación persistente pueda ser considerada un trastorno, según los criterios de los manuales de diagnóstico clínico DSM, debe mantenerse durante al menos 6 meses, causar problemas en la vida de la persona e ir acompañada de ciertos síntomas tanto psicológicos como físicos; en el siguiente apartado nos referiremos a estos.

Los estudios epidemiológicos disponibles indican que aproximadamente el 4% de la población mundial cumple los criterios diagnósticos del TAG en algún momento de su vida. Sabemos también que es aproximadamente dos veces más frecuente en mujeres que en hombres y que las personas con un historial de consumo de sustancias (particularmente alcohol y benzodiacepinas) están más predispuestas a desarrollarlo.

Síntomas y signos (psicológicos y físicos)

Como hemos explicado, la preocupación excesiva es el síntoma nuclear del TAG. Entre los temas típicos se encuentran los mismos que ocupan la mente de cualquier persona: las relaciones de pareja e interpersonales en general, los problemas laborales, las dificultades de tipo económico, las enfermedades propias o de seres queridos, etc.

En el trastorno de ansiedad generalizada tal y como es descrito por los manuales diagnósticos, la preocupación se asocia a síntomas psicológicos como la inquietud, la tendencia a la irritabilidad, los problemas para concentrarse, las sensaciones de irrealidad o de desconexión del entorno y las dificultades relacionadas con el sueño.

Por otro lado, entre los síntomas físicos de la ansiedad generalizada destaca la tensión muscular, así como una mayor facilidad para sentir fatiga. Según la CIE-10 el diagnóstico requiere signos como sofocos, escalofríos, temblores, sudoración excesiva, aumento de la frecuencia cardiaca, sequedad bucal, dificultades para respirar, náuseas y otros problemas gastrointestinales.

Tratamiento de la ansiedad generalizada

A pesar de la naturaleza crónica del TAG y de su comorbilidad con múltiples problemas psicológicos (principalmente relacionados con la ansiedad y el estado de ánimo), este trastorno tiene buen pronóstico tanto con tratamiento psicológico como farmacológico.

En cuanto a la terapia psicológica, el modelo cognitivo-conductual se ha mostrado muy eficaz en el alivio de los síntomas de la ansiedad generalizada. Las técnicas específicas tienen que ver, entre otros aspectos, con el adecuado manejo de las emociones negativas, de la hiperactivación fisiológica, de la incertidumbre, de los problemas en su conjunto y especialmente de la preocupación patológica.

Entre las técnicas más destacables de entre las que se emplean en la terapia cognitivo-conductual para el TAG encontramos distintos métodos de relajación, la modificación de creencias desadaptativas que favorecen la ansiedad y la exposición a la preocupación (con el objetivo de que el malestar asociado a esta se reduzca de modo progresivo).

Si nos referimos a programas de tratamiento concretos, cabe destacar la terapia de aceptación y compromiso (ACT), que se engloba en la llamada “cuarta generación” de las psicoterapias. La ACT se focaliza en el afrontamiento de situaciones y contenidos mentales que generan malestar, en la reducción del peso que se da a los pensamientos automáticos y en actuar en función del compromiso personal con los propios valores y metas.

Por otro lado, los mejores medicamentos para la ansiedad generalizada son los antidepresivos; en concreto, los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) como la paroxetina y el escitalopram son los psicofármacos de primera elección en casos de TAG que requieren tratamiento farmacológico además de psicológico. Las benzodiacepinas también son utilizadas con frecuencia en este contexto pero su eficacia es menor.

Referencias bibliográficas:

  • American Psychiatric Association (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders: DSM-5 (5th Ed.). Washington, D.C.: American Psychiatric Association.

  • Craske, M. G. & Stein, M. B. (2016). Anxiety. The Lancet, 388(10063): 3048–3059.

  • Patel, G. & Fancher, T. L. (2013). In The Clinic: Generalized Anxiety Disorder. Annals of Internal Medicine. 159(11): ITC6.

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