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Los 9 trastornos del sueño más comunes y sus síntomas

Entre los trastornos del sueño más comunes se encuentran el insomnio, el síndrome de piernas inquietas y la apnea del sueño.

 

 

Entre los tipos de problemas de salud más comunes en la actualidad encontramos los trastornos del sueño, que se relacionan con alteraciones en los patrones de sueño y vigilia y causan dificultades para dormir o para mantenerse despierto durante el día, entre otros.

En este artículo vamos a describir cuáles son los 9 trastornos del sueño más comunes y qué síntomas los caracterizan. Para ello nos basaremos en los manuales diagnósticos DSM-IV y DSM-5, los más empleados por los psicólogos.

Los 9 trastornos del sueño más comunes

Entre los tipos de trastorno del sueño más habituales en la población general encontramos alteraciones tan variadas como el insomnio de conciliación y el de mantenimiento, la hipersomnia, las pesadillas, el sonambulismo o la narcolepsia.

Algunos de ellos se deben a factores biológicos, mientras que otros aparecen como consecuencia de trastornos psicológicos o de un estilo de vida que interfiere con el ciclo de sueño-vigilia. Asimismo es importante tener en cuenta que ciertos trastornos del sueño, como los terrores nocturnos y el sonambulismo, son mucho más habituales en niños que en adultos.

1. Insomnio

El insomnio se define como una dificultad persistente (que se alarga durante un mes o más) para conciliar el sueño o para mantenerlo. En este sentido podemos distinguir entre el insomnio de conciliación y el de mantenimiento; el primero es más frecuente y se da con frecuencia en casos de depresión, mientras que ambos tipos se asocian a la ansiedad. Estas dos clases de insomnio se pueden dar simultáneamente.

Otra distinción importante en el caso del insomnio es la que se establece entre el tipo primario y el secundario. El insomnio secundario es aquel que se deriva de enfermedades orgánicas, del consumo de ciertas sustancias (tanto drogas como fármacos) o de otros trastornos psicológicos, y hablamos de insomnio primario cuando éste no es consecuencia de uno de estos factores.

2. Hipersomnia

Como sucede con los casos de insomnio, la hipersomnia o somnolencia excesiva debe mantenerse durante al menos un mes para poder ser considerada un trastorno de forma estricta. Es habitual que las personas que sufren un exceso de somnolencia durante el día experimenten un descenso en el rendimiento cognitivo que interfiere con la realización de tareas cotidianas de tipo social, laboral o académico, entre otros.

La hipersomnia también puede ser primaria o secundaria. El segundo tipo se produce con cierta frecuencia como consecuencia de otros trastornos del sueño que interfieren con el descanso satisfactorio o que se deben a factores orgánicos; por ejemplo, la hipersomnia es uno de los síntomas fundamentales de la narcolepsia, de la que hablaremos más adelante.

3. Apnea del sueño

El manual DSM-IV incluye dentro de la categoría de los trastornos del sueño un conjunto de alteraciones relacionadas con problemas respiratorios que interfieren de forma significativa con el descanso, provocando insomnio y/o hipersomnia. En concreto, estos trastornos se deben a la hipoventilación, que altera los niveles de oxígeno y de dióxido de carbono en la sangre.

La apnea del sueño es el trastorno respiratorio del sueño más representativo. Consiste en episodios de obstrucción de las vías respiratorias (apnea obstructiva) o de interrupción de la respiración (apnea central) que se producen durante el sueño y que provocan fuertes ronquidos, así como una alternancia entre hipoventilación e hiperventilación. En raras ocasiones la apnea del sueño puede llegar a causar la muerte.

4. Síndrome de piernas inquietas

El síndrome de piernas inquietas se diagnostica cuando una persona sufre insomnio, hipersomnia u otras alteraciones (por ejemplo falta de energía o estado de ánimo depresivo) como consecuencia de que al intentar dormir experimenta sensaciones desagradables en las piernas que la impulsan a moverlas.

Este trastorno se da con mayor frecuencia en quienes sufren enfermedades como la de Parkinson, la diabetes mellitus o la artritis reumatoide, así como durante el embarazo, y se puede tratar a través de cambios en el estilo de vida (por ejemplo interrumpir el consumo de tabaco y alcohol y mantener una correcta higiene del sueño) pero también con fármacos como la gabapentina.

5. Narcolepsia

El síntoma nuclear y más característico de la narcolepsia son los accesos súbitos de sueño que se dan durante la vigilia, independientemente de si la persona ha dormido mucho o poco. Además de la hipersomnolencia diurna, el resto de signos típicos de la narcolepsia son la cataplexia (pérdida súbita del tono muscular), las alucinaciones hipnagógicas y las parálisis del sueño.

En los últimos años se ha demostrado que la narcolepsia se relaciona con un déficit de la hormona orexina o hipocretina, que cumple funciones importantes en la regulación del apetito y en la de los estados de vigilia y sueño. En concreto, se cree que este trastorno del sueño se debe a la destrucción de neuronas liberadoras de orexina en el hipotálamo lateral y que tiene un componente genético-hereditario muy relevante.

6. Pesadillas

Las pesadillas son muy comunes, sobre todo en niños (entre el 10% y el 50% de niños de 3 a 5 años tienen pesadillas severas y recurrentes), pero deben provocar un malestar significativo y/o interferir en el rendimiento para que adquieran la categoría de trastorno.

Es importante distinguir el trastorno por pesadillas de los terrores nocturnos, a los que nos referiremos a continuación.

7. Terrores nocturnos

Los terrores nocturnos son episodios de despertares bruscos que se inician con llantos y gritos de angustia. Se asocian con una intensa activación fisiológica y, a pesar de que pueden ser muy preocupantes para los padres de los niños que los sufren, no provocan un gran malestar a los pequeños porque se produce amnesia de los episodios.

Desde un punto de vista biológico los terrores nocturnos parecen tener una relación muy estrecha con el sonambulismo, hasta el punto que se cree que comparten la base neurofisiológica; no sucede lo mismo con las pesadillas, un fenómeno mucho más inespecífico y con causas fundamentalmente psicológicas y emocionales.

8. Sonambulismo

Podemos definir el sonambulismo como un trastorno caracterizado por comportamientos similares a los de la vigilia que se producen durante el sueño; así, por ejemplo, es muy común que las personas sonámbulas se levanten de la cama y realicen actividades como deambular, comer o hablar. En casos graves puede ser necesario cerrar con llave las puertas o bloquear las ventanas para evitar riesgos físicos.

Tal y como sucede con los terrores nocturnos, los episodios de sonambulismo se dan sobre todo en el primer tercio de la noche y son más habituales en niños, especialmente entre los 10 y los 14 años, tendiendo a desaparecer a medida que el cerebro madura.

9. Trastorno del ritmo circadiano

El diagnóstico “trastorno del ritmo circadiano” se emplea para hacer referencia a las alteraciones del sueño debidas a una desestructuración del ciclo sueño-vigilia provocada generalmente por factores ambientales.

Así, dentro de esta categoría diagnóstica encontramos tres tipos principales: el de sueño retrasado (que se da en personas con problemas para dormir en las horas socialmente aceptadas), el de jet lag (derivado de viajes entre lugares con distintos husos horarios) y el de cambios de turno de trabajo, habitual en profesionales de la seguridad, entre otros.

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