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Celiaquía (enfermedad celíaca): qué es, síntomas y tratamiento

Revelamos las verdades y los mitos sobre la celiaquía, un trastorno poco comprendido actualmente.

 

 

El consumo de gluten, en la actualidad, está viviendo una de las épocas de mayor controversia. En este artículo nos focalizaremos en responder a una pregunta que muchas personas se hacen: ¿el gluten es perjudicial para la salud o es necesario para una alimentación equilibrada?

Centenares de preguntas son las que surgen en torno a este tema y, dado el interés creciente por seguir una correcta nutrición y por el cuidado del organismo, gran cantidad de científicos e investigadores han estudiado temas como la celiaquía (o enfermedad celíaca) y cómo incide el consumo de gluten en las personas que la padecen y en las que no.

¿Qué es la enfermedad celíaca o celiaquía?

La enfermedad celíaca (EC) es una patología inmunológica relacionada con la intolerancia a las proteínas del gluten como las gliadinas, las secalinas, las hordeinas y las aveninas.

El consumo de estas genera en las personas con celiaquía una atrofia de las mucosas del intestino delgado superior, lo cual se traduce en una mala absorción de nutrientes que reflejan diferentes síntomas y carencias nutricionales.

En estas manifestaciones inciden variables como como la edad y la severidad de la enfermedad. La celiaquía es crónica y el factor genético interviene en la predisposición de cada individuo a manifestarla.

Síntomas y signos principales

Las manifestaciones clínicas varían según la edad de presentación. Aunque existen algunos síntomas comunes, como diarreas, vómitos, cambios de carácter y falta de apetito, es típico agrupar los síntomas y signos por rangos de edad.

1. En la infancia

Síntomas como los vómitos, la anorexia, la irritabilidad, las diarreas grasosas, el pelo frágil o el retraso en el crecimiento son algunos de los que nos tendrían que alarmar en la sospecha de que el infante padezca enfermedad celíaca.

Estos síntomas se traducen en signos tales como la distensión abdominal, la hipotrofia muscular o los desperfectos en el esmalte dental derivados de la desnutrición provocada por la mala absorción de nutrientes por parte del intestino delgado.

2. En la adolescencia

En la adolescencia es frecuente que la celiaquía se vuelva asintomática. Aun así, síntomas como el dolor abdominal, la cefalea, la aparición tardía de la menstruación, el retraso puberal, la anemia por falta de hierro o la dermatitis atópica son indicadores de que algo sucede.

3. En la edad adulta

La sintomatología adulta acumula defectos de las etapas anteriores, en especial si no se han manejado correctamente las alteraciones previas. A nivel emocional son típicas la apatía y la irritabilidad, así como la depresión o la astenia. También es frecuente la pérdida de peso, junto con la anemia por falta de hierro.  

Colon irritable, estreñimiento, menopausia precoz, osteoporosis, artritis y posibles abortos se traducen en la acumulación de déficits nutricionales a lo largo de los años, y en la lucha constante del sistema inmunitario contra las proteínas que aportan los alimentos con contenido en gluten.

Prevalencia de la celiaquía

Según la Federación de Asociaciones de Celíacos de España (FACE), la prevalencia de la enfermedad celíaca en Europa es del 1%. Se considera una enfermedad más común en mujeres que en hombres, con una relación de 2:1.

En España, la proporción de personas con celiaquía es de aproximadamente 1 de 118 en la población infantil y 1 de 389 en la población adulta. Existen muchos casos sin diagnosticar a causa de la heterogeneidad de los síntomas presentados.

Añaden que cerca del 75% de pacientes con celiaquía aún no han sido diagnosticados ya que en los últimos años se ha añadido al diagnóstico tipos de grupos y variantes que anteriormente no existían.

¿Cómo se lleva a cabo el diagnóstico?

Tradicionalmente el diagnóstico se realiza mediante exploración clínica y una analítica de sangre que muestra marcadores serológicos. En la actualidad, y debido a la aparición de los nuevos grupos diagnósticos (enfermedad celíaca sintomática, subclínica, latente o potencial), es de especial relevancia realizar una biopsia intestinal para confirmar el diagnóstico.

El diagnóstico de la celiaquía a través del examen clínico se lleva a cabo con la ayuda de la entrevista al afectado y la comprobación de los síntomas y los signos asociados a la mala absorción de nutrientes por parte del intestino delgado superior.

Las pruebas llevadas a cabo por analítica de sangre permiten la realización de estudios serológicos en los que se puede observar la creación de anticuerpos en contra de proteínas como la gliadina y la transglutaminasa tisular. Estos análisis permiten evaluar la probabilidad de padecer la enfermedad celíaca.

Pese a las pruebas anteriores, la más esclarecedora y con la que se confirma el diagnóstico es con la biopsia del intestino delgado superior. Sólo se puede tener en cuenta el resultado siempre que aún no haya sido retirado el gluten de la dieta, puesto que de este modo se podrá comprobar si el intestino delgado está dañado o no.

Tratamiento y dieta para la celiaquía

No existe un tratamiento farmacológico como tal para manejar la enfermedad celíaca; el único método para prevenir y reducir los síntomas es retirar por completo el consumo de gluten de la dieta durante toda la vida. Esto conlleva una mejora tanto fisiológica como clínica de las lesiones del intestino delgado superior.

Esta mejora orgánica conlleva un tiempo desde la supresión completa del gluten en la dieta hasta que se regeneran estas estructuras. En adultos el proceso puede dilatarse hasta dos años, mientras que en niños y adolescentes al cabo de un año ya suelen estar reparadas las estructuras vellosas dañadas.

Así, la dieta que deberá seguir una persona con celiaquía será rica en pescado, carne, legumbres, arroces y todo tipo de hortalizas, además de frutas y verduras, retirando por completo las harinas de cebada, trigo, avena y centeno entre otras.

Desmintiendo mitos sobre el gluten

En los últimos años la moda del “gluten-free” ha traído consigo gran cantidad de mitos acerca del consumo de alimentos con gluten -afirmaciones como que los productos con gluten adelgazan, que la celiaquía no es una enfermedad o que no todos los celíacos deben suprimir el consumo de esta proteína causan controversia y confusión entre la población.

A continuación os mostraremos la verdad acerca de la enfermedad celíaca y el consumo de gluten.

1. La celiaquía no es una enfermedad real

La celiaquía sí es una enfermedad, y tiene un carácter crónico y autoinmune. El cuerpo detecta el gluten como un agente extraño, atacándolo.

Además se destruyen estructuras del intestino delgado que pueden llevar a la aparición de otras patologías por lo que no es simplemente una intolerancia.

2. La comida sin gluten adelgaza

Los alimentos libres de gluten no ayudan a perder peso: al contrario de lo que suele pensar mucha gente, la comida “gluten-free” contiene más azúcares y grasas que los alimentos con gluten.

Esto es debido a que añadiendo azúcares se convierte en un alimento más atractivo al paladar, pero menos nutritivo.

3. El gluten es malo para la salud

Retirar el gluten de la dieta sin ser celíaco es perjudicial para la salud. El gluten se encuentra en una amplia variedad de productos que necesitamos consumir para llevar una dieta equilibrada.

Si suprimimos estos productos y los sustituimos por otros “gluten-free” estaremos privando al cuerpo de fibras e hidratos que éste necesita, pudiendo incluso derivar en una diabetes mellitus tipo 2.

Eliminar el gluten de la dieta sin ser celíaco puede aumentar la probabilidad de sufrir enfermedades cardiovasculares; así lo afirma un estudio elaborado en las universidades de Columbia y Harvard. Esto es debido a la falta de consumo de cereales integrales, que parecen ser protectores de enfermedades del corazón.

4. La celiaquía es una cuestión de todo o nada

Existe la sensibilidad al gluten no celíaca (SGNC), aunque es un trastorno de reciente diagnóstico. Algunas personas, sin ser celíacas, presentan una sensibilidad al gluten que se manifiesta en forma de síntomas digestivos.

No existen biomarcadores para el diagnóstico de la sensibilidad al gluten no celíaca, así que se realiza descartando la enfermedad celíaca y la alergia al trigo.

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